Debate presidencial en Estados Unidos: una pelea callejera en la que Joe Biden mostró más de lo que se esperaba



Desde la perspectiva de Donald Trump el barro en que se atoró el primero de los tres debates presidenciales con el demócrata Joe Biden puede considerarse una victoria. Nadie esperaba un esfuerzo de calidad argumental particularmente desde el rincón del ring del jefe de Estado. El resultado fue un choque caótico, cruzado de insultos y maltratos, que es la altura por la que se esmera en navegar la política en estas épocas, no solo en Estados Unidos, por cierto.

Para Biden queda el dato de que, aún desde antes del inicio del duelo, ocupó la centralidad del escenario. No significa una victoria. Las miradas caían con más intensidad sobre el ex vicepresidente de Barack Obama para testear cómo reaccionaría a un tanque que desde el primer segundo buscaría atropellarlo.

En ese nivel de la contienda, el demócrata lo hizo mejor de lo esperado. Fue una sorpresa incluso para Trump que no parece haber previsto que su rival iba a llegar con una preparación medida en los modos que iba a provocar el mandatario.

En este sentido, si bien es difícil determinar ganadores o perdedores en estas batallas, lo que debe observarse es que Biden logró mantener durante una gran parte significativa del debate a Trump en el centro y obligado a explicarse aun en medio de los cruces, insultos e interrupciones.

Ese dato se notó desde el inicio con el tema de la integración conservadora de la Corte que impulsa el mandatario que Biden llevó al terreno del riesgo de que una gran masa de norteamericanos pobres pierda la asistencia sanitaria estatal del Obamacare.

También en el saldo pasmoso del Coronavirus del cual el presidente se defendió con sus lemas de campaña y el manojo insistente de mentiras y negacionismo; la crisis de la economía que derivo de la pandemia agigantada por el errático manejo de la Casa Blanca y finalmente la significativa revelación de la espectacular evasión de impuestos por parte del jefe de Estado que reveló The New York Times.

“Todo el mundo sabe que Trump es un mentiroso”, le disparó el demócrata desde los primeros segundos que dejaron al mandatario con el reclamo de exigirle a su rival que se calle.

Trump no lo hizo mal pero no le alcanzó para colocar a Biden en el centro y esa precariedad se remarcó especialmente con la pandemia: “El presidente carece de planes, no tuvo ninguno, no presento nada. El lo dijo, desde febrero lo sabía y reconoce que no aviso de la gravedad porque no quería causar pánico a los estadounidenses. Quién tenía pánico era él”, afirmó el demócrata mirando a la cámara, un gesto que no aprovechó su contendiente.

Biden, claramente asesorado y entrenado, pareció por momentos que era el adulto en la sala soportando la refriega de un adolescente encaprichado que no lo dejaba hablar, que perdía el control y al que respondía con una sonrisa indulgente.

Trump y Biden, un larga lista de cruces y chicanas. Foto: Reuters

Ese comportamiento de su rival descentró a Trump al punto de romper una regla que no debería ser cruzada: el ataque a uno de los hijos del vicepresidente, probablemente un camino que los asesores del mandatario le habrán indicado que no recorra.

Con todo, Biden se mostró excesivamente moderado, en particular cuando debió explicar las razones por las cuales el electorado debería elegirlo. No hubo la claridad necesaria, también en otros pasajes, en los cuales, frente a los ataques de Trump, el ex vicepresidente se limitó a reiterar “es mentira” sin avanzar en argumentos más sólidos.

Es probable que las siguientes dos citas en octubre cambien esta formulación. En el caso de Trump, lo del martes puede haberle servido para conformar a su base más dura, especialmente cuando volvió a negarse a condenar a los supremacistas de su vereda.

Pero su objetivo debería ser atraer a los sectores de las clases medias moderadas que pueden darle la diferencia que requiere para intentar la reelección. Biden pudo mostrar que puede resistir los embates y que tiene resistencia física y mental y que no debería ser subestimado, como señalaron los propios republicanos, según fuentes del oficialismo.

Pero el demócrata no debería descuidarse. Si esta vez Trump llegó con lo suyo, en los próximos encuentros lo hará con otra previsible preparación. Lo de la noche del martes fue un entrenamiento para los dos contendientes, pero particularmente para el implacable magnate de la Casa Blanca.

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