De Volver al futuro a convertirse en pintor: Biff Tannen vende cuadros a los 61 años



Una palabra apenas para que se aparezca en el recuerdo de varias generaciones: “Estiércol”. El matón más famoso de Hill Valley, bisnieto de Buford “Perro rabioso” Tannen y abuelo de Griff Tannen. Monumento al bullying y a la violencia.

Biff Tannen, uno de los monstruos más celebrados del cine, fue en parte -aunque pocos los sepan- una caricatura de Donald Trump. Hostigador de Marty McFly, lo vimos desdoblarse y desarrollar su maldad en dos etapas: 1955 y 1985. Patán inmortal, se encarnó hace tres décadas en el cuerpo del actor Thomas F. Wilson. Tom nunca pudo escapar de esa criatura maldita. A sus 61 sigue lidiando con los demonios de Volver al futuro y vende remeras con su cara por 20 dólares. 

El síndrome Biff Tannen no existe técnicamente, pero podría acuñarse para nombrar un padecimiento actoral. Ese golpe de suerte inicial, ese papel bendito que termina siendo estigma, que eterniza a un actor en la memoria del público al punto de que su nombre y apellido pasa a ser el del personaje.

Bif Tannen (Tom Wilson).

Wilson está vivo y está activo. Nunca dejó de actuar, aunque nunca pudo recuperar esa popularidad lejos de ese hito dirigido por Robert Zemeckis y producido por Steven Spielberg. Apela a un canal de YouTube propio en el que hace humor, se convirtió en artista plástico, disfruta de sus cuatro hijos y esconde una historia de dolor detrás de Biff: se inspiró en un trauma de infancia.

Tímido, durante sus primeros años escolares había sido acosado por los matones de su propia escuela. La experiencia lo entrenó hasta hacerle entender qué pasa por el cerebro de quien vive hostigando a sus pares. “Yo había mirado a este tipo de sujeto a la cara con tanta frecuencia que eso me inspiró”, confesó alguna vez en The Hollywood Reporter. “Entendí que esos tipos sienten alegría al asustar a los otros”.

Una escena de “Volver al futuro”, con Biff Tannen en acción.

Tom pasó de una creación inolvidable sobre personajes que van y vienen en una máquina del tiempo a querer frenar esa fracción de tiempo que todos viven recordándole. El hartazgo fue tal que lanzó una canción que se volvió hit y que lleva por los canales de TV y por los teatros donde ofrece su stand up: acompañado por su guitarra cuenta que está agotado de la pregunta ¿cómo es Michael J. Fox? También detalla que hasta un rabino lo paró en un Bar Mitzvah para saber si el abono del camión contra el que Biff chocaba era real o no.

“Volver al futuro 4 nunca va a suceder”, desilusiona Wilson a sus fans. “Y dejen de pedirme grabar videos para sus amigos diciendo “¡Hello McFly. Anybody Home?”.

Tom Wilson en un programa de TV estadounidense. (Captura).

El que debutó en El auto fantástico

Nacido en Filadelfia el 15 de abril de 1959, estudió artes dramáticas, cursó estudios de Política internacional en la Universidad Estatal de Arizona y combinó todo eso con las clases de música. Su primer trabajo actoral fue una aparición en un capítulo de El auto fantástico, en 1984, un año antes del que sería el rol más celebrado de su vida.

Rodaba Volver al futuro cuando tuvo el primer gran susto profesional: un día el productor lo llamó “para hablar algo serio en privado”. Tom lo cuenta con gracia en viejas entrevistas en la TV estadounidense: “Pensé que era el final, que se venía mi despido antes de terminar la película. ‘Necesito que vengas a mi despacho’, me dijo. Manejé hasta allá y fue el viaje más largo de mi vida, todo el trayecto temblando”.

“Ya me daba por despedido y pensaba en cómo dar la mano y saludar sin resentimiento como un hombre superado. Tenía que huir a Alaska o ponerme a estudiar Derecho. Finalmente el problema no era yo, era Eric Stoltz, el primer protagonista real de Volver al futuro, que fue echado”.

Bif Tannen (Tom Wilson)

Stoltz era “demasiado dark, demasiado dramático para el rol”. No contentos con su actuación, decidieron apartarlo y grabar todo otra vez, pero con Michael J. Fox, el entonces chico de la serie Family Ties. “Alguna escena anterior quedó. Es más: creo que el puño que me da Marty en la cafetería es de Stoltz y no de Fox”.

El después de aquella montaña rusa ruidosa que generó la trilogía fue la quietud. Wilson participó de series de TV como Dr. House, Two and half Men o Sabrina, la bruja adolescente, pero se orientó en otra especialidad que le aseguraba un ingreso económico: poner la voz a películas animadas. Tras el tsunami Volver al futuro, su garganta estuvo presente, por ejemplo, en muchos episodios de Bob Esponja (como perro, pez y tantos otros animalitos) y en el filme homónimo sobre el bichito amarillo. También jugó con los tonos en Río, en Tom y Jerry y tantísimos títulos más.

Semanas atrás llamó la atención su ausencia en el reencuentro virtual del elenco de la mítica trilogía, organizado por Josh Gad. Ante el desencanto de los fans, Tom se reivindicó en un segmento virtual impulsado por el mismo Gad, Fan Calls. Con barbijo puesto acorde a esta era de pandemia de coronavirus, regaló varias frases a lo Biff. 

Las pinturas de Tom Wilson.

Pintar el pasado, volver al futuro

Nada modesto, Wilson se define en la biografía de su página oficial como un artista “que ha trabajado en todos los aspectos de la cultura popular durante décadas, creando roles de referencia, pinturas provocativas y comicidad a cada paso”.

Aburrido de enfocarse en la actuación, le abrió la puerta a su otra vocación. Estudió dibujo y pintura en la Academia de Arte de Los Ángeles y fue perfeccionándose en el arte de los trazos hasta que encontró su tema y su estilo. Suele dibujar juguetes icónicos de los ’60 y ’70 y se anima a pintar motivos relacionados con los viajes en el tiempo y con la mismísima película que lo lanzó a la fama.

Las pinturas de Tom Wilson.

Sus lienzos se exponen en la colección permanente del San Jose Museum of Art, de California. Su gran influencia, sin dudas, es Andy Warhol. Apenas empieza a garabatear y se le aparece Biff como criatura a pintar. Suele decir: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”. El enemigo es ese viejo amigo, Tannen, del que no pudo independizarse jamás. Por eso exorciza fantasmas vendiendo pinturas en las que él mismo le da vida al villano. Arte pop terapéutico. Lo dicen los críticos a los que él cita en su página: “Es fascinante ver al actor lidiar con su fama de manera directa y pública”.

Amante de la escritura, Wilson también fue guionista para Universal Studios, Disney y Nickelodeon y se animó a escribir un libro, The Masked Man: A Memoir And Fantasy Of Hollywood, que se consigue por menos de diez dólares en Amazon. En el texto, Tom cuenta su camino desde que el actor Clayton Moore (El llanero solitario) marcó su infancia hasta su escalera a la fama.

Las pinturas de Tom Wilson.

“Solo estaba posando para una foto con un hombre de treinta años que vestía a lo Marty McFly y sostenía una modelo DeLorean, porque mi esposa tenía cáncer. Ahora ella está bien, pero fue dura la supervivencia después de cinco cirugías y varios años de quimioterapia y radiación. Ante el desempleo haces cosas que juraste que nunca harías, como ir a firmar fotos un rato”. Así arranca esa suerte de biografía en la que Biff queda “enterrado” por un hombre que lejos estaba de divertirse y disfrutar la vida a lo Tannen.

Hoy Tom vive en Los Ángeles, con su esposa Caroline. 

Tom Wilson (captura de video).

Las frases de Biff, eternas

Visto a la distancia, Biff era un ser impunemente detestable. Amenazaba sin filtro, usaba su poder en la escuela para someter a los más débiles, no entendía otra forma de discusión que mediante la violencia y hasta intentaba violar a mujeres -lo muestra a la perfección la escena del auto en la que sometía  Lorraine, la madre del protagonista-.

Hoy, los objetos con su cara que pululan fuera la órbita oficial se comercializan con gran éxito más allá de los Estados Unidos. Remeras, tazas, cuadros con frases que podrían ser inentendibles si no se vio Back to the Future. Incluso hay estudiosos de la película que aún hoy trabajan difundiendo esa maquinaria nostálgica y arman memes con algunas líneas del guión. “¿Hay alguien en casa”? es una de las muletillas estrella, que nos recuerda a Biff golpeando la cabeza de Marty y preguntándole si tiene algo en el cerebro. Otras gorras que se venden sin su autorización como merchandising llevan las inscripciones “¡Hey, Mc Fly!, ¡Imbécil! y el nombre de un animal -que nada tiene que ver con apodos futboleros-: la forma en que Tannen solía llamar a Marty: “Gallina”.

Tom Wilson (Instagram).

Biff no es ajeno al negocio y sabe que es una poderosa marca, por eso en su página oficial vende por 20 dólares las remeras blancas con el rostro del villano estampado. Claro, también vende su arte: pinturas de Jesucristo, de aviones y de armas.

El gran dato de Donald Trump colado en toda esta historia sorprende a casi 31 años del estreno de la segunda parte en la que aquel Biff del “futuro” se parece al ahora Presidente de los Estados Unidos. Variety reveló que el guionista Bob Tale se inspiró en el entonces magnate para Volver al futuro 2: “En la parte 2, en la que Marty se enfrenta en la oficina de Biff, hay un gran retrato en la pared. La verdad, pensamos en Trump cuando hicimos la película. Un hombre que construye un casino de 27 pisos y gana influencia política que usa para tomar el control de Hill Valley… El imponente casino se parece al Trump Plaza Hotel Atlantic City, inaugurado antes, en 1984”.

Tom Wilson (Instagram).

Cada vez que puede, Wilson deja claro que ese golpe de suerte de los ’80 estuvo acompañado por un arduo trabajo de interpretación y que detrás de ese jovencito engominado de los cincuenta había algo más profundo: “No fue simple componer a Biff. Debajo de ese tsunami pop hay un papel difícil en que trabajo duro y me enorgullece”.

“Yo no estoy disponible para eventos ni para recordar todo el tiempo la película. ¡Soy mucho mejor actor y artista que ese personaje! Había dos opciones: o convertirse en el tipo resentido y amargado o el que entra en restaurantes y dice ‘¿se acuerdan de mí? ¿Me hacen descuento por mi vieja fama’? No quiero ser ninguna de esas dos opciones”.

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