Daniel Lewis Lee: crónica de un asesino diabólico en el final del corredor de la muerte



Una intervención de última hora dejó en veremos este lunes la ejecución con una inyección letal de Daniel Lewis Lee en una prisión de máxima seguridad en Indiana, Estados Unidos.

Un juez ordenó un nuevo retraso de la que sería la primera ejecución federal desde 2003. El gobierno de Trump apeló de inmediato.

La ejecución copó la agenda debido a que los mismos familiares de las víctimas fueron los que habían pedido que se posponga la ejecución.

En medio de la pandemia de coronavirus, las posibilidades (y los riesgos) de viajar son evidentes para todos. Fue con esto en mente que los familiares de las tres personas que Lee asesinó en 1996 peticionaron por una prórroga, dado que se les haría difícil asistir en las condiciones actuales. Sin embargo, dentro de la familia hay posiciones divergentes. La madre de la esposa de Mueller, Earlene Branch Peterson, ha pedido clemencia por Lee, diciendo que “no sabía como la ejecución honraba la memora de su hija”.

“No es lo que ella hubiera querido”, afirmó en su momento. 

Su pedido fue negado, algo que ha generado polémica, no solo entre los afectados por el crimen, sino también entre grupos de derechos humanos, que alegan que el gobierno está apurando una cuestión que no es una prioridad en medio de una emergencia sanitaria.

Las idas y vueltas en torno a la ejecución de Lee han vuelto a colocar sus crímenes en el medio de la escena, uno de los más violentos y espeluznantes sucedidos durante la década del 90.

Supremacismo blanco y asesinatos

Daniel Lewis Lee actualmente tiene 47 años. Es un supremacista blanco confeso, nacido en Yukon Alabama. Junto a un cómplice llamado Chevie Kehoe, en 1996 torturó y luego asesinó a Bill Mueller, su esposa, Nancy Mueller, y su hijastra de 8 años, Sarah Powell.

El móvil del crimen era que Lee y Kehoe, también un supremacista blanco, buscaban generar una revolución violenta que diera como resultado la constitución de una república aria en Estados Unidos. El objetivo del grupo al cual pertenecían Lee y Kehoe era asesinar personas para luego robar sus pertenencias y venderlas. Los fondos obtenidos serían usados para financiar esta supuesta revolución.

El Penal Federal Terre Haute, en Indiana, el lugar donde Daniel Lewis Lee será ejecutado este lunes. / REUTER

Si bien el motivo del crimen se estableció durante la investigación, el porqué de la modalidad tan violenta no se dilucidó. Mueller era un electricista que además vendía armas y municiones en Tilly, una pequeña ciudad en el norte del Estado de Arkansas. Y si bien no era un miembro del movimiento del supremacismo blanco, se sabía que tenía vínculos y relaciones amistosas con muchos de ellos.

Mueller ya había sido víctima de los supremacistas. En 1995, un año antes de los asesinatos, entraron a robar a su casa. Los ladrones se llevaron municiones y una colección de monedas de oro y plata, valuada entre 39 mil y 50 mil dólares. Si bien denunció el robo, la policía informó que nunca después hizo un seguimiento del caso. Este hecho sería clave para resolver los asesinatos. 

Earlene Branch Peterson pidió clemencia para Daniel Lewis Lee, el asesino de su hija y su sobrina. (Foto: LauraBurstein1)

Cuando él y su familia desaparecieron en 1996, en un primer momento su suegra inclusive pensó que era porque Mueller había decidido sumarse a las filas del movimiento supremacista. No fue hasta junio de ese año, cuando sus cuerpos fueron descubiertos en una masa de agua (conocida como bayou), que la realidad de lo que les sucedió empezó a develarse.

Luego de que unos pescadores descubrieron una pierna flotando en el agua, la policía recuperó los tres cuerpos, a pocos más de 60 kilómetros de donde vivían los Mueller. Todavía tenían puesta su ropa de invierno. Tenían las manos atadas, y bolsas plásticas de basura sobre las cabezas.

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Fue la detención de un cómplice de Chevie Kehoe lo que terminó por desencadenar la resolución del crimen. El cómplice, llamado Faron Earl Lovelace, fue arrestado por violar su libertado condicionada, y ofreció rápidamente confesar otro asesinato si le aseguraban que la darían la pena de muerte. Argumentó que no podía soportar más tiempo en prisión.

Si bien nunca se supo quién había entrado a robar a la casa de los Mueller, Lovelace afirmó que él y Kehoe se habían apoderado de la mercancía robada, y la habían vendido. Se abrió una búsqueda por Kehoe, al que finalmente apresaron junto a su hermano, Cheyne. Fue Cheyne Kehoe quien les contó a la policía que Chevie había asesinado a los Mueller.

Confrontado con esta revelación, Chevie Kehoe afirmó que había sido Daniel Lewis Lee el autor de los asesinatos. Lee fue sentenciado a la pena de muerte en 1999, mientras que Kehoe recibió tres sentencias de reclusión perpetua. 

Fuente: AP y The New York Times

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