Cuarentena por coronavirus: Paul Auster y el idilio con su máquina de escribir



El idilio entre el escritor estadounidense Paul Auster, de 73 años y oriundo de New Jersey, y su máquina de escribir se remonta a 1974. Auster regresaba a Nueva York luego de un largo viaje y su máquina anterior, una Hermes, estaba destruida. Todavía no era un escritor consagrado como para comprarse una máquina nueva, de modo que aceptó gustoso pagar 40 dólares por una Olympia portátil fabricada en Alemania Occidental que le ofreció un amigo de la facultad que la tenía arrumbada y sin uso en un placard.

Hasta julio del año 2000, cuando decide contar su vínculo amoroso con su máquina en un breve relato titulado La historia de mi máquina de escribir, todas sus novelas y todo lo demás, es decir, todo lo que escribió, salió de las teclas de esa máquina. Lo cual quiere decir que La triología de Nueva York, El país de las últimas cosas, Leviatán y El palacio de la luna, entre otras novelas, fueron tecleadas, tracatrac tracatrac, ahí.

Paul Auster y su máquina de escribir Olympia.

Escribe:

“Pasó un año, pasó un decenio, y ni una sola vez me pareció raro, ni siquiera vagamente insólito, el hecho de trabajar con una máquina de escribir manual. La otra posibilidad era utilizar una eléctrica, pero no me gustaba el ruido que hacían aquellos artilugios: el continuo zumbido del motor, el discordante repiqueteo de las piezas, la cambiante frecuencia de la corriente alterna vibrando en los dedos. Yo prefería la suavidad de la Olympia. Era agradable al tacto, funcionaba estupendamente, se podía contar con ella. Y cuando no se le estaban aporreando las teclas, guardaba silencio”.

Paul Auster y su Olympia, según el ilustrador Sam Messer.

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En 2001, La historia de mi máquina de escribir sumó las ilustraciones de Sam Messer, “un individuo que se presentó un día en mi casa y se enamoró de ella. Las pasiones de los artistas son inescrutables”, según las palabras del propio Auster. “Sam –escribe– ha tomado posesión de mi máquina de escribir, y poco a poco ha ido transformando un objeto inanimado en un ser con personalidad y presencia en el mundo”.

De pocas páginas, el relato se consigue en ediciones nuevas o usadas, de distintas editoriales y hasta en librerías de saldo de la avenida Corrientes, si existiera la posibilidad de pasear por ellas.

Matrimonio. Siri Hustvedt y Paul Auster, en su casa de Brooklyn.

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Dice sobre su especial apego con la máquina:

“Yo empecé a parecer un enemigo del progreso, el último pagano aferrado a las antiguas costumbres en un mundo de conversos digitales. Mis amigos se burlaban de mí por resistirme a la nueva manera de hacer las cosas. Cuando no me llamaban pedazo de carcamal, decían que era un reaccionario cascarrabias. Me daba igual”.

Paul Auster en la Feria del Libro de 2018 / Pedro Lázaro Fernández

Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1992 y ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006, Auster quería, en realidad, ser beisbolista antes que escritor y que su nombre fuera coreado en el Yankee Stadium. Casado con la escritora Siri Hustvedt, con quien tiene una hija, visitó el país en 2018 para la Feria del Libro y la presentación de su última novela, 4321.

“La historia de mi máquina de escribir”, de Paul Auster, con ilustraciones de Sam Messer.

PC

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