Cuarentena por coronavirus: ni los pitufos se salvan de la revisión del racismo en el arte



Tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía, se dio lugar a una nueva revisión sobre contenidos racistas en múltiples ámbitos. HBO retiró de su catálogo la película Lo que el viento se llevó por el tratamiento racista que se da a los personajes negros. Netflix hizo lo mismo con la serie Little Britain. Las redes sociales estallaron contra El señor de los anillos, la novela de J.R.R.Tolkien, por “machista y supremacista”. ¿Qué hacer con las obras de arte que llevan adheridos los prejuicios de su época? Van algunos casos.

“La violación de la negra”, de Christian van Couwenbergh (1632)

Una pintura chocante por su violencia no sólo racista, sino de género. La escena es espeluznante. Dos jóvenes europeos desnudos se disponen a violar a una mujer africana. Mientras uno la retiene, el otro busca con su mirada la complicidad del espectador, como si estuviese siendo grabado, al tiempo que señala a la mujer con el dedo y se burla de sus lamentaciones. En un segundo plano, un tercer personaje, que permanece vestido, parece querer detener lo inevitable con un gesto de reprobación. El cuadro del Museo de Bellas Artes de Estrasburgo fue pintado en 1632 por el pintor flamenco Christian van Couwenbergh (1604-1667) y se titula El rapto de la negra o La violación de la negra, aunque en algunos sitios aparece con el más aséptico Tres jóvenes blancos y una mujer negra. Representa una práctica habitual en la época: la violación de esclavas por parte de europeos, que el pintor parece querer denunciar.

“La violación de la negra”, de Christian van Couwenbergh (1632).

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Retrato de Hortense Mancini, duquesa de Mazarin, vestida como Diana, de Bennedetto Gennari (1677)

El cuadro de la duquesa de Mazarin pintada en la segunda mitad del siglo XVII por Benedetto Gennari muestra una chocante, deshumanizadora y humillante imagen en que la duquesa es representada junto a jóvenes sirvientes negros, o niños esclavizados, con collares metálicos como los de sus perros de caza. El cuadro era de la Tate británica, que lo sacó de circulación.

Retrato de Hortense Mancini, duquesa de Mazarin, vestida como Diana, de Bennedetto Gennari (1677)

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Tintín en el Congo, de Hergé

Era frecuente ver imágenes racistas y colonizadores en las tiras cómicas más populares, imágenes que hoy resultan chocantes y que entonces eran estereotipos que resultaban convenciones narrativas muy útiles. Unos estereotipos de los siglos de aventura colonial europea en los que se retrató a los africanos como atrasados, salvajes, obsesionados por el sexo y caníbales. Tintín en el Congo es el cómic que ha llegado más lejos en ese sentido: a los tribunales, que finalmente dictaminaron que las imágenes no pretendían ser racistas sino que pertenecían a un contexto histórico determinado.

“Tintin en el Congo”, de Hergé.

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Los Pitufos negros

En Estados Unidos, apareció como Los pitufos púrpuras y se les cambió el color. En ese álbum, una mariposa negra pica a un pitufo y le cambia el color y ya no puede hablar y grita y salta como loco. Pronto toda la comunidad pitufa parece una tribu primitiva, señala el ensayista francés Antoine Buéno, que además denuncia a toda la historieta como racista y antisemita: Gargamel, obsesionado por el oro, sería un estereotipo judío. Y el papá pitufo, de rojo, un líder comunista en una sociedad supuestamente perfecta.

“Los pitufos negros”.

Con información de La Vanguardia

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