Cuarentena por coronavirus: la vida en la “villa miseria” y el peronismo



Al libro Villa Miseria también es América, de Bernardo Verbitsky, se le atribuye la creación del término “Villa miseria”. La novela fue publicada en 1957 y la acción arranca en algún momento del gobierno de Juan Domingo Perón. Lo primero que pasa es que muchos de los habitantes de la villa son detenidos sin que se sepa bien por qué. Los sueltan, pero esa es la muestra de que algo está por pasar.

Sus habitantes vienen, sobre todo, del Interior y del Paraguay: “Los que llegan expulsados por las vacas desde Entre Ríos, los que vienen rodando desde Santiago del Estero corridos por la falta de trabajo, los que del Paraguay salieron huyendo de la represión y el hambre”.

Un muchacho es albañil, una chica está empleada en una cartonería, uno es peón “en una carpintería mecánica” y trabaja, además, en una fábrica de fideos. Son trabajadores, sin muchas vueltas.

“Villa Miseria también es América”, de Bernardo Verbitsky.

Ahí está el chico que llegó después de mil horas de micro y le mostraron su casilla, su baño afuera –”una casillita de arpillera deshilachada”– y mirando “el amontonamiento de casillas de madera, ranchos y casuchas de lata” abre el corazón junto a su madre: “¿Y esto es Buenos Aires?” Pronto otro hombre reflexionará: “¿Existe Buenos Aires? Desde Villa Miseria no se ve”.

“Villa Maldonado” se llama el barrio, “por el arroyo que lo flanqueaba”. Allí vamos a ir viendo –quizás lo más interesante– la vida de todos los días, los vecinos que se quieren más, los que se quieren menos, lo que reclaman “el monoblock” que prometió “el Hombre” (Perón) pero que no aparece “tal vez por las preocupaciones que tiene, desde que murió la Señora”.

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Allí veremos los pases de factura de los paraguayos porque “Perón nos devuelve las banderas de la guerra del 70, pero al comprarnos madera solo la quiere en troncos sin ninguna elaboración industrial que hubiera dado trabajo a nuestros aserraderos”.

Hay amigos, hay amores y, atención, una demanda de alguien que se dice dueño de las tierras y que habla hasta de qué pasaría en la Villa en una epidemia. “En este conglomerado (…) la higiene y la moral no pueden existir en forma alguna, siendo las viviendas por ellos construidas de carácter precario y sin detalles de higiene de ninguna clase, lo que constituye un gran peligro social y foco de enfermedades, epidemias, que pueden alcanzar caracteres de suma peligrosidad y riesgo”.

Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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