Cuarentena por coronavirus: “¿Dónde está la punta del Obelisco?”, la obra que en 2015 sorprendió a todos



Por qué te lo recomendamos. Son contadas las veces que un artista contemporáneo logra que toda una ciudad se formule preguntas. La mañana del 20 de septiembre de 2015 una voz corrió por las calles: ¡el Obelisco no tiene punta! Ese sacudón provocó la obra de Leandro Erlich que tiempo después, en 2019, protagonizaría la exposición más visitada en la historia del museo Malba, Liminal.

La semana pasada, el Malba liberó la descarga del catálogo de La democracia del símbolo (click aquí). Aquella propuesta del artista Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) sorprendió. Durante una semana, el Obelisco no tuvo ápice, o en lenguaje más popular, “punta”. Maestro del truco y de la ilusión, lo había recubierto con una estructura metálica del color del monumento que, a primera vista, hacía sentir que la coronación de la estructura se había esfumado. El 20 de septiembre de 2015, muchos usuarios publicaban fotos y comentarios en Twitter: “Qué alguien me explique dónde está la punta del Obelisco” o “Hasta la cúpula del Obelisco fue robada”.

Una postal diferente que sorprendió a muchos. / Archivo.

El misterio tendría continuidad horas más tarde en la explanada de ingreso al Malba, en Figueroa Alcorta y San Martín de Tours. Allí reapareció “la punta” del Obelisco. Se había instalado una réplica, con sus medidas reales, y con pantallas en sus cuatro ventanas que reproducían en video las vistas desde el monumento. La instalación, de acceso gratuito, buscaba que todo ciudadano pudiera internarse en la cumbre de ese símbolo tan central. Una forma de “democratizar” el tótem de los argentinos en torno al cual se celebran las victorias deportivas de los equipos nacionales y los triunfos electorales. 

La obra, en muchos sentidos, se volvió colectiva: no estaba dentro de los muros de un museo, involucró a la gente que se extrañaba al recorrer Buenos Aires y a los medios de comunicación, que jugaban con responder la pregunta: ¿qué pasó con el Obelisco?

La réplica, en la explanada del Malba. / Archivo

En el interior de la réplica. / Archivo.

El año pasado, en distintas entrevistas que ofreció en el marco de otra muestra, Liminal -que tuvo el récord de 240 mil espectadores-, el ilusionista explicaría algunos fundamentos de su trabajo: “Detrás del truco, que es el comienzo o la puerta de entrada, comienza la obra. La lectura empieza cuando la ilusión termina”. Y agregaría: “Ver una realidad que no es tal, una realidad potencial que pone en jaque la premisa de aquello que damos por cierto. Como una manera de sacudir. Porque el engaño dura poco. El ejercicio interesante es encontrarse con algo que nos ponga en cierto estado de alerta y que, desde mi punto de vista, activa el sentido crítico”. Mirar algo extraño para luego mirar con esa misma extrañeza otras realidades cotidianas. ¿Cuántas cosas que vemos y creemos son, en verdad, apariencias? 

Erlich, retratado durante aquella propuesta en la puerta del museo.

El catálogo de La democracia del símbolo recorre la historia: desde la erección del monumento de 67 metros diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch, en 1936, hasta cómo fue tomando dimensiones míticas y se volvió eje, incluso, de proyectos artísticos de creadores como Horacio Coppola y Marta Minujín, entre otros. En ese libro, se pueden consultar ensayos sobre el tema del sociólogo Christian Ferrer y del curador Dan Cameron, además de otros materiales. Vale la pena.  

Imágenes de aquella experiencia en un video de 3 minutos.

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