Cuarentena por coronavirus: aquel verano en que “La Feliz” fue ciudad del dolor



Fue un golpe. La Ciudad Feliz, aquella postal familiar romantizada por décadas, envuelta en noticias de muertes y escándalos de los verdaderos. Mar del Plata, el escenario. Y a la crisis económica en marcha -la inflación anunciaba un tembladeral- se sumaba, primero, el asesinato de Alicia Muñiz. El campeón de boxeo Carlos Monzón hundido en el crimen. Tres semanas después caía desde un balcón Alberto Olmedo. Adiós al mayor capocómico. Dolor nacional. Con el ritmo de la ficción, y momentos cercanos a la crónica, Camilo Sánchez narra la atmósfera densa de esa temporada de nubes negras. Habla del final de una época. De la pérdida de una inocencia.  

El libro se llama La Feliz, aquel verano del 88. El Campeón, El Claun y El Langa -“el Facha”, recordado personaje de la farándula- apuran la trama entre aventuras, desventuras y finales trágicos. Aparece un cuarto personaje: la propia ciudad balnearia copada por los excesos. “Subieron más alto que la noche” , dice el autor en el primer capítulo. Con relatos que conjugan la ternura del Claun con la violencia de El Campeón, Sánchez arranca con una pregunta: “¿Qué sombra espesa los reunió, los llevó de la mano, les empujó los pasos en aquel siniestro verano del ochenta y ocho?”.

Editado por Edhasa, cuesta $595.

“Fueron héroes de la infancia y luego uno se convierte en femicida y el otro se cae de un balcón en un confuso episodio. Ellos hacían bien su laburo, aparecían en las revistas, se mostraban felices. Ese verano vino a decir que no había felicidad detrás de la gran careta”, contó el autor de la novela, nacido en Mar del Plata y periodista en el lugar en aquella temporada.

Sánchez pinta apogeo y crack de la maquinaria turística, habla de los porteños en diciembre, “personas condenadas a escapar de la ciudad, y dispuestas a pelear por un par de metros cuadrados frente al océano”; de la gloria de la celebridad, del famoso, que es “esa otra forma de esclavitud”; del tiempo político iniciado con Raúl Alfonsín presidente: “Le llegaba, a esa primavera democrática, tempranamente el otoño. Y la cocaína bajaba como torrente a La Feliz”. Y establece que “nunca hay décadas que duren diez años. La Década del Noventa comenzó antes de lo que indicaba el calendario. Arrancó en ese tremendo verano del ochenta y ocho”. 

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