Cuarentena: “Hay que saber reconocer cuál es el punto máximo de la sociedad”


¿Por qué llegamos al punto de defender la cuarentena obligatoria con el argumento de “si estás en contra, querés que la gente se muera”? Los que plantean una apertura de la cuarentena claramente no quieren que la gente se muera.

La discusión es otra. Mi punto es que los tomadores de decisiones tienen que ser capaces de analizar la situación –desafortunada y muy por encima de todos- y llevar a cabo una política de menor daño posible en la sociedad. Es como un cálculo de utilidad.

Negocios cerrados en la peatonal Florida de Buenos Aires. La economía también es afectada por la pandemia y por las decisiones que se toman a nivel gubernamental. (Foto Germán García Adrasti)

A todos nos importa la salud de la gente. La cuarentena es un método que había que implementar obligatoriamente, pero no se puede sostener tanto en el tiempo. Encerrar a todo un país, o toda una ciudad, es una solución posible, pero un buen político sabe que hacerlo por más de tres meses no va a dar buenos resultados. Incluso luego de determinado momento puede generar resultados contraproducentes.

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Es como el cálculo del economista Arthur Laffer sobre la recaudación de impuestos en Estados Unidos. Este autor presentó una curva que analizaba el punto más eficiente para la recaudación para que la mayor cantidad contribuyentes los pagaran. Con la idea central de que se recaude lo máximo posible sin ahogar a los ciudadanos, ya que estos, luego de un determinado momento,dejarían de aportar.

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Reconocer este punto “máximo” no es solamente prudente, sino que también implica tener la capacidad de poder observar qué políticas son las adecuadas para la gente, que como bien sabemos, no obedece cualquier política (y está bien que así sea). Implica también acoplarse a lo que naturalmente la sociedad va a terminar haciendo.

Martina Guarnaschelli mguarnaschelli@outlook.com

OTRAS CARTAS

Entrevistas nocturnas a funcionarios y médicos

Ministro de Salud Ginés González García. (Foto: Andrés D’Elia)

Veo con inquietud como hasta altas horas de la noche en programas periodísticos de la televisión aparecen prestigiosos infectólogos, epidemiólogos, médicos y, en ocasiones, funcionarios. En transmisiones virtuales son sometidos a consultas reiterativas de parte de los periodistas respecto a los temas que en estos días nos angustian a todos.

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A veces hasta polemizan con ellos sobre cuestiones sanitarias sin mostrar el mínimo conocimiento en relación a ellas. ¿No podemos evitar un inútil desgaste a estas personas que seguramente pasan todas las horas de sus días trabajando y ocupándose de solucionar nuestros problemas?

Pienso que su aparición para informarnos sería suficiente si pudieran responder a una batería de preguntas inteligentes por no más de una hora al inicio de los programas.

Luisa Cecchi

c.luisa_15@hotmail.com

“En la cuarentena todos somos una gran familia”

El aislamiento para prevenir contagios de coronavirus. (Foto: Juano Tesone)

Queremos, pero no podemos. Necesitamos aquella independencia que nos permitía planificar el día ni bien abríamos los ojos. Y con el objetivo a la vista, comenzábamos a desandar la rutina: los chicos al colegio, el turno al oculista, la visita a la casa de la abuela y tantas cosas más.

Los feriados y los fines de semana eran días de fiesta: descanso total o planes a destajo, con los chicos y los amigos.

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Hoy queremos retornar a ese pasado, no tan lejano, pero que tarda en llegar. Queremos poder volver a conversar con nuestros vecinos, ver a los chicos con sus delantales blancos salir en tropel de los colegios, llevar a los nietos a la calesita y tantas otras cosas.

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Sin embargo, sabemos que estamos actuando correctamente. “Cuidarnos es cuidarte” y debemos tener presente que en esta cuarentena somos como una gran familia, transitando el largo camino de la responsabilidad. No seamos egoístas.

Adela Seguin

adeseguin@yahoo.com.ar

Un histórico hotel de Avenida de Mayo y el coronavirus

Hotel Castelar.

Después de 90 años de historia, en los que albergó presidentes, ministros plenipotenciarios, bodas y festejos, el hotel Castelar de la Avenida de Mayo, pelea de frente ante la catástrofe mundial que nos toca vivir por el coronavirus.

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Se proyectó y nació en medio de la depresión del año 29 del siglo XX. Luchó y sorteó todas las crisis que la Argentina debió enfrentar. La leyenda hotelera de Buenos Aires no va a claudicar ante un pasajero sin pasaporte.

Que el esfuerzo de los directores del Castelar sea una punta de lanza para toda la cadena hotelera del país y que estén preparados para recibir un turismo que va a regenerarse. Con nuevas reglas de juego, pero con reactivación al fin.

Carlos Bang

gflores2210@gmail.com

Quiere resaltar el trabajo del jardinero de la plaza del barrio

Monumento al Izamiento de la Bandera en la Plaza Colombia de Barracas. (Foto: Luciano Thieberger)

Soy vecino de Barracas, en la Ciudad de Buenos Aires y vivo frente a la hermosa Plaza Colombia. Verla desde mi balcón hace más llevadera la larga cuarentena. Quien contribuye a que llame hermosa a nuestra plaza es el jardinero cuyo nombre desconozco, pero con quien nos saludamos muy cordialmente.

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Hace su labor en forma constante y prolija. Puntualmente comienza el mayor trabajo de otoño que es recoger las hojas, limpiar las veredas, cortar trozos secos de las plantas, cavar alrededor de los árboles para recoger más agua, regar con los automáticos y con manguera donde no llegan, entre otras muchas tareas.

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Lo observo desde mi balcón y puedo asegurar que realiza su trabajo con esmero y cariño, dejando al final de su jornada esta hermosa plaza de casi una manzana, con la prolijidad y belleza de un pequeño jardín.

Vayan estas sencillas palabras como premio anónimo a un joven y responsable jardineros. Seguro que si se premiaran a las plazas por su prolijidad y belleza, Plaza Colombia estaría en los primeros puestos.

Héctor Manuel Salgado

hectormsalgado@hotmail.com.ar

Advierte ensañamiento con los educadores televisivos

Asombra la saña con que se critica a los maestros que cometen algún error en las ‘clases presenciales’ que se dictan en los medios. Las críticas son absolutamente injustas, pues frente a una cámara, los nervios pueden ser indomables. Quién haya tenido la experiencia, lo sabe. Cuesta muchísimo sobreponerse.

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Bravo para los maestros que están haciendo un trabajo magnífico. No parecen ser ‘súbditos’ de Baradel ni empleados del Estado. Son Educadores, con mayúscula.

Rafael E. Madero

rafamadero@hotmail.com.ar

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