Coronavirus y límites internos: cómo cambió la vida de los que tienen que cruzar las fronteras provinciales para trabajar y ver a sus parientes



Para los que viven en la Comarca Andina, territorio que incluye a las localidades de El Hoyo, El Bolsón, Lago Puelo y Epuyén, la frontera entre Chubut y Río Negro nunca existió. Sin embargo, el Covid 19 cambió esta situación y hoy cruzar de una provincia a la otra se volvió un problema. Así lo cuenta Fredy Sepúlveda (45), que es constructor, vive en Lago Puelo, Chubut, y trabaja en El Bolsón, Río Negro. Al principio de la pandemia dice que se cerraron todos los caminos. “Estuvimos dos meses sin poder pasar. Después de muchos reclamos, conseguimos permiso para hacerlo aunque en un horario restringido y por una ruta diferente a la habitual, por la que se demora entre dos y tres veces más en llegar”, sostiene.

Tiene tres hijos, de 8, 15 y 18 años, y vive junto a Emma, su esposa, que trabaja para una empresa de colectivos que hasta marzo funcionaba como transporte escolar de niños. “Cuando se suspendieron las clases, le dejaron de pagar”, se lamenta Fredy. Entonces pasaron a depender exclusivamente de su ingreso.

“Nunca había cortado una ruta, pero la desesperación por quedarnos sin plata nos llevó a protestar. Entendemos que hay que cuidarse para evitar la propagación del coronavirus y nos parece bien, pero salimos a manifestarnos para exigir algún protocolo que nos permitiera volver a trabajar”, destaca el hombre, que formó el grupo Trabajadores Independientes e Informales de la Comarca y se transformó en su presidente.

Hernán Harguindeguy es de Achiras, Córdoba. Tienen que visitar a su mamá de 70 años en Merlo, San Luis.

“Hay albañiles, carpinteros, jardineros que tienen que cruzar de una provincia a la otra. Para nosotros es fundamental poder pasar la frontera interna, es que si no trabajamos, no cobramos”, remarca y detalla que también dependen del clima. “Tenemos una temporada alta en la que hay que ganar plata sí o sí para después vivir el resto del tiempo, la pandemia nos complicó mucho”, advierte.

Perdieron dos meses y luego lograron retomar aunque con algunas limitaciones. “Se puede cruzar a Río Negro entre las 9 y las 18 cuando nosotros solemos trabajar en esta época del año entre las 7.30 y las 20. Además, no nos dejan pasar en auto por la ruta rápida (la 16) en la que demoramos 15 minutos, ahora hay que ir por otra (la 40), son entre 30 y 40 minutos de viaje. Esto hace que podamos aprovechar muy poco el día y, a su vez, gastemos más combustible”, comenta.

“Con mi mujer, tuvimos que dejar de pagar los 15 mil pesos de cuota mensual de nuestro auto, el que uso para trasladarme con mis herramientas hasta El Bolsón. Tampoco recibimos el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia)”, comparte.

Y se queja de la burocracia interprovincial y la falta de medidas internas: “Nos dan mucha vuelta para pasar a El Bolsón desde Chubut pero no controlan a los que viajan desde Bariloche, por ser la misma provincia. Los casos de coronavirus están llegando desde esa zona, no de Chubut. Nosotros nos cuidamos mucho: nadie quiere llevar el virus a su casa”.

Pero las dificultades para moverse de una provincia a otra no son exclusivas de la región patagónica. En el límite entre Córdoba y San Luis el panorama es similar. Lo cuenta Hernán Harguindeguy (52), que vive en Achiras, Córdoba, y tiene a su madre en Merlo, San Luis.

El comienzo de la pandemia lo encontró en Merlo, acompañando a su padre que sufría una enfermedad terminal. “Él falleció el 25 de marzo y yo me quedé con mi mamá y mi hermano, que había viajado especialmente desde España, hasta mediados de abril. Mi hermano regresó a España en un vuelo para repatriados en mayo y mi mamá, que tiene 70 años, se quedó sola en San Luis”, relata Hernán.

“Al poco tiempo de estar sola, se descompuso. Ese día viajé a Merlo, pasé la frontera desde Córdoba en forma clandestina por la mitad de un campo. Me la traje para que le hicieran chequeos. Los médicos nos confirmaron que había que operarla, por unos quistes, aunque nos pidieron esperar hasta que la pandemia pasara”, precisa.

Ella decidió volver a San Luis y su hijo cruzó nuevamente sin autorización. Sin embargo, tras regresar, se encontró con que empezaron a colocar terraplenes de varios metros de alto para frenar el paso.

“Eso ocurrió hace dos meses por lo que ya no pude visitarla más. Estoy a una hora en auto de lo de mi mamá pero es imposible llegar. Para ir a verla legalmente me piden hacerme un hisopado, viajar unas dos horas hasta el centro de San Luis y pasar 14 días aislado en un hotel de la zona. Recién después puedo viajar a Merlo. ¿Qué hago si necesita algo urgente? ¿cómo la ayudo?”, se pregunta Hernán.

Y asegura que vive con mucha angustia y bronca lo que está sucediendo. “Siento que deberían contemplar este tipo de casos, que se pueden otorgar permisos especiales sin descuidar la cuestión sanitaria”, afirma y resalta que también resulta problemática la situación de aquellos que deben cruzar por trabajo. “La sociedad rural de Río Cuarto junto a organizaciones de transportistas presentaron un recurso de amparo por este mismo tema”, agrega.

Eduardo Pascual, que es chofer de camión y se ocupa de transportar productos esenciales, explica que, en su caso, le permiten cruzar fronteras aunque con muchas restricciones. Vive en Guaymallén, Mendoza, y generalmente le toca la ruta del norte: hace San Juan, La Rioja, Catamarca y Tucumán.

Eduardo Pascual, chofer de camión de Guaymallén, Mendoza. Distribuye productos esenciales por el norte y centro del país.

“Con el Covid 19 se volvió todo más difícil. Cada provincia tiene sus horarios de ingreso. Por ejemplo, Tucumán abre sus fronteras a las 6 y las cierra a las 23. En tanto, se puede cruzar a San Juan desde las 10.30. Ahora me estoy yendo de Mendoza a San Juan. Voy a pasar la noche haciendo la fila para estar en esa frontera mañana cuando arranquen los controles”, comparte Eduardo.

Dice que se pincha los dedos más seguido de lo que le gustaría. “Nos piden hacernos el test rápido: en Mendoza cada 14 días, en Tucumán cada 7 y en San Luis cada 5”, detalla. Hay sitios en los que el examen es gratuito, en forma privada cuesta 5.000 pesos.

Eduardo Pascual, chofer de camión de Guaymallén, Mendoza, en uno de sus viajes al norte con barbijo.

Intenta tener en cuenta los requisitos de cada frontera interna para sortear obstáculos y no atrasarse aunque calcula que por trayecto demora entre cinco y seis horas más que antes.

“Si bien cruzo muchas fronteras, no tengo contacto estrecho con nadie. Las descargas se suelen hacer en espacios abiertos y se ocupa una persona del lugar. Además, uso barbijo, alcohol en gel y todo lo necesario para evitar el contagio”, señala. “Entiendo y me parece importante que se tomen recaudos pero estaría bueno que unifiquen criterios para que no se nos complique tanto trabajar”, pide Eduardo, que solo espera que pronto se pueda “volver a la normalidad”.

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GS

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