Coronavirus: “Positivo, negativo”, el listado que se lee al final del día en el centro de testeos de DetectAr en la villa 1-11-14



Hace dos semanas, el operativo DetectAr se extendió a los barrios formales de la Ciudad, pero sigue presente en las villas. En el Barrio Padre Ricciardelli (ex 1-11-14) viene haciéndose desde el 12 de mayo. Allí se concentran 2.284 casos de coronavirus, casi el 60% localizados con el operativo DetectAr. Allí se registraron 35 muertes. Y allí fueron esta tarde de viernes la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, y el subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria de la Ciudad, Gabriel Battistella.

La primera parada fue en la parroquia “Madre del Pueblo”, sobre la avenida Perito Moreno, frente al estadio Pedro Bidegain, la cancha de San Lorenzo. Los esperaba el padre Juan Isasmendi, uno de los principales referentes de la villa. El recorrido terminó del otro lado del Nuevo Gasómetro, bajo la Platea Sur, donde se instaló el punto DetectAr para hacer los testeos a los vecinos.

Isasmendi o, como lo conocen allí, el padre Juan, tiene el celular en llamas. Con la pandemia creció su rol extrarreligioso, ese de ser nodo de acciones comunitarias, que en la práctica puede incluir terminar de convencer a un vecino de que se aísle cuando la charla de concientización de los promotores de la salud no bastó. También, organizar el aislamiento preventivo de personas mayores o, en sus propias palabras, “picar los sesos al Estado para que venga acá”. Él prefiere ser modesto y poner de relieve la solidaridad barrial.

La secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, y el subsecretario de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria de la Ciudad, Gabriel Battistella, escuchan al padre Juan Isasmendi. Foto: Fernando de la Orden

“Con la emergencia, este barrio mostró una entraña comunitaria muy fuerte. Noté una explosión de solidaridad que pocas veces vi, de vecino a vecino. Se armó rápidamente una cadena de protección para quien salía, quien estaba solo sin alimentos”, explica Isasmendi detrás del barbijo.

Ese sentido de comunidad también es clave incluso para DetectAr. Es que el operativo tiene doble acción y la primera es territorial, cuando se buscan personas con síntomas y también contactos estrechos de contagiados. En esa instancia participan miembros de organizaciones sociales y barriales, coordinadores de comedores, y gente de la misma parroquia, para acompañar y asistir. “Muchas veces, nuestra función también criticar y enojarse para que todo mejore”, admite Isasmendi entre risas.

La base de operaciones de DetectAr en el Bajo Flores está debajo de la Platea Sur de la cancha de San Lorenzo. Foto: Fernando de la Orden

Esa acción territorial arranca todos los días a las 8.30, con duplas de personal de los ministerios de Salud y de Desarrollo Humano, que luego acompañan a los vecinos a hacerse el hisopado en el ingreso a la Platea Sur del Estadio de San Lorenzo, donde empieza la segunda acción, la de testeo.

Antes de llegar a la cancha, Vizzotti hace una aclaración: “No es que donde no está ese operativo, no se testea: el DetectAr es un complemento. El sistema de salud tiene las consultas del sector público y del privado, un circuito de testeo, y allí donde aumentan los casos se va a buscar contactos para su aislamiento”.

Vizzotti explica que en los lugares donde aumentan los casos, se busca a los contactos estrechos para aislarlos. Foto: Fernando de la Orden

El centro de testeos para los vecinos de la ex 1-11-14 es distinto al de otras villas porteñas. Por empezar, aquí las distancias son mayores y el traslado no es a pie sino en los clásicos colectivos escolares naranjas, que se ocupan parcialmente para cumplir con el distanciamiento social. Además, está el hecho de que está en una cancha de fútbol. San Lorenzo prestó al Gobierno de la Ciudad su estadio y su cercana residencia para jugadores de inferiores de 80 plazas, esta última para alojar a pacientes leves.

El Nuevo Gasómetro fue convertido en una unidad sanitaria. Foto: Fernando de la Orden

Los vecinos que se hacen el test aquí parten entonces de la ex 1-11-14 en micro, bajan en el estacionamiento del Nuevo Gasómetro y atraviesan la arcada que marca el ingreso a la Platea Sur, con sendero vallado. Caminan unos metros y, antes de entrar al sector de gimnasio para federados y confitería bajo las gradas, se detienen en la puerta azul y roja coronada por un cartel de “Aguarde aquí a ser atendido”.

Los vecinos llegan en micros escolares y son evaluados. Foto: Fernando de la Orden

Una vez adentro, se encuentran con el puesto de triage, una mesa con botellas de alcohol en gel y barbijos, y decenas de sillas de plástico negras, ubicadas sobre un piso azul donde antes se practicó patín. Allí aguardan la toma de muestras. Los vecinos dan los datos para elaborar su ficha epidemiológica, son evaluados para establecer si se encuadran en algún caso y si presentan factores de riesgo y son hisopados en el consultorio interno. Las muestras son enviadas al Instituto Malbrán. El próximo paso es esperar pacientes el resultado, en una zona vallada con sillas amarillas de BA Playa y vista al campo de juego.

De un lado está el espacio donde los vecinos esperan ser hisopados. Del otro, el lugar donde aguardan los resultados. Foto: Fernando de la Orden

Se sabe de entrada: la mitad de los que esperan en ese sector tiene el virus. Así lo indica el porcentaje de positividad registrado por DetectAr desde que arrancó acá. Lo que no saben es quiénes. Se enterarán al atardecer de la boca de un funcionario, que leerá un listado: nombre, apellido y un lacónico “positivo” o “negativo”.

Quien dé negativo, volverá al barrio. Quien dé positivo, se alojará en la residencia y, si no hay más lugar, en los hoteles Covid-19. Si presenta síntomas moderados, en cambio, irá a un hospital. Los más cercanos aquí son el Piñero y el Grierson. Los menores de un año y los mayores de 65 también serán internados. 

A última hora, leen los nombres de cada vecino y le indican si son su resultado dio positivo o negativo. Foto: Fernando de la Orden

Cuando ya es de noche y hay familias que combinan casos confirmados y descartados, la cosa se pone difícil. Lo reconocen los propios funcionarios. Muchos no encuentran con quién dejar a sus hijos. A veces hay conflictos. En algunos tiene que intervenir Defensoría de la Ciudad.

“Lo que está costándonos más ahora es convencer a los pacientes leves de que se es importante aislarse al menos diez días si se vive en un barrio popular -explica el subsecretario-. Puede que no se sienta tan mal, pero quedándose en su casa pone en riesgo a su familia”.

NS

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