Coronavirus: por qué el New York Times pide reabrir escuelas (y cómo)



El título sorprende por lo contundente: “La reapertura de las escuelas será un gran compromiso. Debe hacerse”, dice. Lo firma el equipo editorial del New York Times, el diario más importante de ese país y uno de los más influyentes del mundo. Ahora, el hemisferio Norte está de vacaciones: están pensando en mediados de agosto.

Hace unos días, el presidente estadounidense pidió exactamente eso en su estilo, con una amenaza. Amenazó con dejar sin fondos a las escuelas que no abrieran, pandemia sí o pandemia no. Estados Unidos, bajo su conducción, ya tiene 3.294.800 casos registrados, informaba este domingo el mismo diario. En el país del Norte viven unas 328 millones de personas: un cálculo rápido diría que ya se infectó el 1 por ciento. En la Argentina, el 1 por ciento serían unas 450.000 personas (cuando, según los números oficiales, acabamos de pasar los 100.000).

Esta vez el diario, que suele ser muy crítico, está de acuerdo con Trump ​en algo: hay que abrir. Por Lengua y Matemática y el conocimiento, claro. Pero además: “Los chicos necesitan aprender a competir y a cooperar. Necesitan comida y amistad, libros y canchas de basquet; un tiempo alejados de sus familias y un lugar seguro donde pasarlo”. Los padres, agregan, también lo necesitan.

Parados. Micros escolares en Manchester, New Hampshire. / AP

Pero ¿es posible? ¿Es posible llevarlos, irlos a buscar, que aprendan y jueguen sin hacer un desastre sanitario?

Israel, por ejemplo, reabrió y a las dos semanas tuvo que cerrar otra vez, en gran parte: por ahí se detectó un rebrote que el país sigue sufriendo.

El New York Times argumenta que volver a la escuela es preciso, pero, dice, harán falta dos cosas: más plata y más espacio. Entonces, “para maximizar la educación presencial el gobierno federal debe abrir su chequera”. Hablan de cientos de billones de dólares.

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Plata y espacio, dijeron. Si tiene que haber la mitad de los alumnos por aula, harán falta más aulas. O habilitar lugares como gimnasios y cafeterías escolares (donde los hay). O poner carpas al aire libre y usarlas cuando se pueda. O aprovechar otros espacios, hasta canchas de fútbol. ¿Quién enseñará en esas aulas? Habrá que aumentar la dotación de docentes.

La educación digital, afirman, mostró sus límites: en Boston, el 20 por ciento ni siquiera se conectó. Cada uno quedó librado a los recursos de su familia. Y ahí, lo de siempre: el que más puede, más pudo.

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Pero, advierten: no hay que ahorrar plata en medidas de seguridad. En Estados Unidos, el presidente y el vice pidieron que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades relajara los requisitos para abrir las escuelas. El director del CDC, Robert Redfield, se negó. “La lección es ignorar al presidente”, escribe el New York Times. Y pide: “Tomen las mejores medidas según la ciencia, implementen las medidas de seguridad necesarias”. Y … “maximicen el tiempo que los chicos puedan pasar en el aula”.

¿Y por casa? En un país con muchísimos menos plata está muy bien pensar en la vuelta pero sin ser mezquino con los requisitos.

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