Coronavirus en Tortuguitas: superó su adicción a la droga, creó un hogar de rehabilitación y ahora lo cedió para pacientes de Covid-19



Luis Marchioni recuerda con un nudo en la garganta el “infierno” que atravesó por su adicción a la cocaína. Tras haber “tocado fondo emocional, económico y familiar”, pasó por dos rehabilitaciones, se especializó como operador terapéutico y fundó su propia clínica para ayudar a otros en la misma situación.

“Es como una película. No puedo creer lo que logré”, expresó el hombre de 38 años. Su Fundación E.I.R.A (Centro Emocional e Interactivo de Resiliencia Argentina) iba a abrir en marzo, pero con la llegada de la cuarentana decidió ponerla a disposición del sistema de salud de Malvinas Argentinas para que allí alojen a pacientes contagiados de Covid-19​.

“Cuando estuve mal siempre alguien me ayudó, solo no hubiese podido. Así que decidí dar mi aporte, convencido de que de esta pandemia salimos todos juntos”, contó, y dijo que ya se imagina cómo funcionará el espacio de Tortuguitas que, primero, servirá para los contagiados de coronavirus, y luego, para sus pacientes.

Fachada. La Fundación E.I.R.A (Centro Emocional e Interactivo de Resiliencia Argentina) iba a abrir en marzo, pero se postergó por la cuarentena.

“Dejé de consumir hace dos años, tres meses y siete días”, precisó. Sigue formando parte de Narcóticos Anónimos, pero ahora, de forma virtual. Allí, aprendió a tomar registro diario para conectarse al presente y no volver a las drogas.

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Fue hace dos años cuando Luis decidió internarse. El fallecimiento de su madre lo ayudó a abrir los ojos, como también el estar perdiendo todo: dinero, mobiliario, vínculos afectivos y el contacto con su hija Manuela (10).

“Ya había estado en rehabilitación en 2014, pero tuve una recaída. Ya en la última internación (2018) me vieron comprometido, me dieron el alta y empecé a colaborar como operador terapéutico. No hay mejor ayuda para un adicto la de otro adicto”, relató.

Postal. Tras la rehabilitación, Luis volvió a ver a su hija Manuela después de dos años y medio de distanciamiento.

Le brotan las lágrimas al hablar de su presente, cercano a la hija y con pareja estable, y de todo lo que consiguió: terminar la secundaria y finalizar la licenciatura en Psicología Social.

Como su historia despierta esperanza, recibe decenas de llamados de ayuda por día. Madres, padres, hermanos y primos lo contactan de diversos distritos, del interior e incluso del exterior del país (como Uruguay).

Es por esto que sus ganas de ayudar se concretaron en su propia clínica de rehabilitación que llamó “Eira”, como la diosa escandinava de la salud. Iba a inaugurarse a mediados de marzo, pero con el aislamiento obligatorio decidió ofrecer el centro al sistema de salud argentino.

En un amplio predio de árboles, sobre Polonia al 3780 (Tortuguitas) se encuentra la quinta de 7.500 metros cuadrados.

Ayuda. Será un centro de aislamiento para 45 pacientes con casos leves de COVID-19.

En el chalet principal hay cinco habitaciones para albergar a 38 pacientes; un gimnasio, la sala de “Cine Debate”; y los consultorios de psicólogos y psiquiatras. Al aire libre está la pileta, el quincho, la parrilla y las canchas de fútbol y paddle.

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“Todo está pensado desde Luis como paciente, no como director. Lo hice pensando en qué cosas me hubieran gustado durante mi proceso de rehabilitación”, explicó. El instituto, contó, funcionará para internaciones (de entre 3 y 6 meses) y tratamientos ambulatorios de personas adictas y, además, para tratar casos de estrés.

Mónica Quiroga y Eduardo Alonso lo ayudaron a consolidar el proyecto desde lo económico. “Son los padres de un chico que ayudé a recuperarse. Los conocía de Carlos Casares (provincia de Buenos Aires), donde pasé mi infancia”, afirmó.

Quinta. Al aire libre, está la parrilla, el quincho, la pileta y las canchas deportivas.

Durante las obras para convertir el espacio en un centro de aislamiento para 45 personas contagiadas de COVID-19, las oficinas de especialistas y la sala de televisión se convirtieron en habitaciones. 

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“Va a estar preparado para los casos leves que no requieran internación hospitalaria. Es un gran aporte social que ayudará a reforzar el sistema de salud. Se hicieron arreglos mínimos de gas, agua y cloacas; se agregaron camas y se usarán solo las partes de abajo de las cuchetas”, aseguró Roberto Caratozzolo, director general de Obras Públicas de Malvinas.

Hasta que se ponga en marcha como hospital de campaña, Luis recorre los pasillos y se queda a dormir en una de las camas donde imagina que algún día habrá un joven en proceso de rehabilitación. “Estoy feliz. Espero poder ayudar como me ayudaron a mí”, concluyó.

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