Coronavirus en Argentina: récord de altas y la “curva muda” que jaquea la estrategia oficial



La cantidad de altas comparada con la de enfermos de coronavirus mejoró en la Argentina en las últimas dos semanas. Esto tiene dos causas. Una meramente administrativa, por datos acumulados por las provincias que demoran en llegar al Ministerio de Salud de la Nación, que centraliza y comunica. El otro motivo es que el país adoptó un nuevo criterio sanitario de la Organización Mundial de la Salud para considerar curado a un paciente.

Lo que cambió es que ya no hace falta realizarle el test de PCR a un paciente leve o moderado para dar por finalizada la infección y poder otorgarle el alta. En este caso el manual recomienda continuar con el aislamiento hasta diez días después de la aparición de los síntomas. Y hasta al menos 72 horas después de desaparecidos los síntomas respiratorios.

En esta instancia no es necesario considerar la falta de gusto o de olfato, que pueden continuar algunos días más. Se presume que transcurrido ese tiempo el infectado leve ya ha cursado la enfermedad y está curado. Esto tiene dos efectos: por un lado se ahorran tests y por el otro se aceleran las altas.

Si se mira la progresión histórica de las altas, desde que comenzó la pandemia en el país, ésta se ubicó siempre en el orden del 30 por ciento sobre la totalidad de los casos registrados. Es decir, casi 1 recuperado por cada 3 casos positivos. Esa relación comenzó a cambiar hace dos semanas: primero cuando pasó a ser del 36 por ciento; luego, con el parte de este miércoles, hubo nuevo escalón que ubicó la proporción de curados en el 44 por ciento.

Hubo dos fechas puntuales en las que el número de recuperados pegó saltos importantes: una fue el viernes 26 de junio, cuando las altas pasaron de 14.788 a 18.416; la otra fue este miércoles, cuando treparon de 30.095 a 36.502. Como se puede ver, ese incremento en las últimas dos semanas fue del 145 por ciento. ¿Cuánto creció la cantidad de casos registrados en ese mismo periodo? Pasaron de 55.343 a 87.030, es decir, una suba del 57 por ciento. Conclusión: los recuperados crecieron casi el triple que los infectados.

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Así y todo, la cantidad de altas sigue baja con respecto a la media global, que es del 58 por ciento. Parece una ironía, pero hoy la Argentina tiene el mismo porcentaje de recuperados que Estados Unidos, el 44 por ciento. Claro que la diferencia en las cifras absolutas es exorbitante: 3,12 millones de infectados y 1,37 millón de altas.

Al mirar Brasil, donde su presidente Jair Bolsonaro es uno de los contagiados y promueve sin fundamentos científicos el uso de la hidroxicloroquina, parece otra ironía que los recuperados lleguen al 66 por ciento. La misma salvedad con los dramáticos números absolutos: 1,68 millón de contagiados y 1,11 millón de altas.

En Argentina, así como la tasa de mortalidad está entre las más bajas del mundo, la de recuperados también. Entre los países de la región, sólo Bolivia y Colombia se ubican por debajo, con 30 y 42 por ciento respectivamente. En Bolivia el número de muertos es similar al argentino, mientras que en Colombia está por encima de los 4.300.

En términos generales, el comportamiento de las pandemias en cada país se condice con los niveles de aislamiento y cuarentena que han respetado. Cuanto más tiempo de cuarentena y más férreo fue su carácter, más lento avanzaron las curvas: tanto de muertos como de recuperados. Esto es porque a medida que el número de casos positivos sube, mayor es la cantidad absoluta de enfermos leves, cuyas altas suelen llegar más rápido.

Un caso testigo es Chile, donde la curva de muertos se disparó hasta superar los 6.500 y al mismo tiempo la proporción de altas sobre un total de 303.083 casos reportados es del 90 por ciento. Con niveles de mortalidad también muy superiores a la Argentina, Canadá tiene 106.366 casos reportados y un nivel de recuperados del 66 por ciento. En México hay 268.008 positivos y un 61 por ciento de altas.

En Europa, donde los registros están más consolidados por el tiempo que allí lleva la pandemia, España es uno de los países con mayor déficit de recuperados: con 299.593 casos confirmados sólo ha logrado acumular un 50 por ciento de altas. En Italia, en cambio, esa tasa llega al 80 por ciento y en Alemania, al 92 por ciento.

La tasa de recuperados está directamente relacionada, por defecto, con la cantidad de casos activos. Esta última surge de restarle al número total de casos registrados, los muertos y las altas. Ese saldo que conforman los casos activos es el que sigue modulando el índice de contagiosidad (R0) y confluye en un cóctel amargo con la tasa de transmisión comunitaria del virus. Amargo, porque en Argentina esa tasa ya ha llegado, al menos, al 47,6 por ciento. Al menos, porque hay un 15 por ciento de los contagios que aún está en etapa de investigación epidemiológica y no se sabe cómo se originaron. Hace dos semanas, la transmisión comunitaria era del 41,8 por ciento.

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A medida que crece esa cifra, va dejando fuera de juego la estrategia de detección focalizada que se ha implementado, tanto en la Ciudad como en el GBA, para acorralar al Covid. Hasta el día de hoy, la cantidad de casos registrados por contactos estrechos (el campo de acción en la apuesta oficial) se ha reducido hasta llegar al 34 por ciento.

Cuanto menos abunda ese tipo de contagio -que se produce por la pertenencia de cada nuevo infectado al entorno del primer eslabón de la cadena-, más débiles se vuelven los operativos de rastreo en los barrios y más circula el virus. Y es de la mano de esa “curva muda” alimentada por la transmisión comunitaria -no suele salir en títulos, cultiva el bajo perfil- que este miércoles ha habido un récord de 3.604 casos positivos en el país, con epicentro en el AMBA.

Si la tasa de recuperados sobre los casos totales sigue su camino creciente, el número absoluto de infectados por transmisión comunitaria empezará a descender. Será el momento en que el R0 pueda dominarse por debajo de 1 -el valor para que el contagio deje de ser exponencial- y finalmente las variables epidemiológicas permitan anunciar que el esperado “pico” de la pandemia ha quedado atrás.

PS

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