Coronavirus en Argentina: el 86% de las empleados trabaja “cerca” de otras personas



La forma de trabajar previa a la pandemia de coronavirus no cumple con los requisitos de la “nueva normalidad”. El 86% de los empleados argentinos realiza tareas “relativamente cerca” entre sí y casi el 10% está expuesto a malas condiciones sanitarias, según un informe realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Las posibilidades de adaptación para el regreso no son iguales en todos los rubros y los expertos consultados por Clarín advierten que, en algunos sectores, se necesitarían inversiones difíciles de afrontar en este contexto.

La proximidad física se observa en las oficinas compartidas, pero también en las fábricas, en algunos comercios y en la construcción. Casi 9 de cada 10 personas trabajan cerca de otras, mientras que más de 2,3 millones de empleados (casi un 14%) lo hace a un brazo de distancia o menos.

Además, según el relevamiento realizado por el Programa de Desarrollo Económico de la organización sin fines de lucro, dos de cada 10 personas ocupadas tienen mala ventilación en sus puestos de trabajo o deben permanecer por horas en espacios reducidos. Los sectores más afectados en este sentido son los dedicados a transporte y almacenamiento, electricidad, gas y agua, enseñanza, salud, administración pública, hotelería y gastronomía.

Hay rubros que, a su vez, sufren de malas condiciones sanitarias. De los 12,5 millones de ocupados que fueron analizados, 1,1 millones (casi el 10%) estaban expuestos siempre o muchas veces a servicios deficientes en sus lugares de trabajo (ya sea baños, vestuarios o problemas con el agua potable).

La mayor incidencia de este factor de riesgo se registra entre los trabajadores dedicados a rubros como electricidad, gas y agua (46%), seguido por la construcción (20%), la enseñanza (19%) y los empleados de transporte y almacenamiento (17%).

El tercer elemento evaluado fue el peligro sanitario durante el traslado. De allí surge que el 31% del total de los trabajadores, unos 5,2 millones, hasta antes del coronavirus utilizaba algún medio de transporte público para llegar a su trabajo.

Ramiro Albrieu, que es investigador principal del estudio de CIPPEC Hacia una economía de baja proximidad física, explica que la situación varía según el sector observado. “Hay un conjunto de ramas cuyas ocupaciones implican un alto contacto como ocurre con arte y espectáculos, algunos servicios sociales, hotelería y parte del comercio”, destaca.

Los trabajadores dedicados al rubro de la electricidad, gas y agua están entre los que trabajan bajo peores condiciones sanitarias, según el informe de CIPPEC. Foto AFP

Y agrega: “En muchos de estos casos, la tarea implica el contacto y, por lo tanto, a pesar de los protocolos, el trabajador está en riesgo. En estos supuestos, lo que se están haciendo es prestar el servicio a una escala menor”. Por esto, son rubros que se enfrentan a dificultades económicas por lo que, dice Albrieu, “sería bueno que reciban algún tipo de subsidio”.

La situación en las fábricas tampoco es sencilla. “En los sitios con mala ventilación se requiere una inversión en infraestructura para modificar instalaciones o colocar sistemas nuevos para renovar el aire”, detalla el investigador. Son reformas costosas para las que también sería clave contar con políticas públicas que se traduzcan en ayuda económica. 

A esto se deben sumar los elementos de protección personal y otras medidas para garantizar la distancia entre los trabajadores y las condiciones básicas de higiene.

Según el informe, un tercio de los trabajadores utiliza el transporte público para trasladarse a sus empleos. Foto Germán García Adrasti

Los controles de temperatura y la supervisión para que se cumpla con las medidas de prevención también resultan fundamentales y aplican no solo a las industrias sino también a la construcción, según Albrieu.

El panorama más complejo y, a la vez, menos analizado es el del trabajo informal, que incluye a vendedores ambulantes y a aquellos que realizan changas y no están registrados. “No lo tenemos medido, pero sabemos que existe, que los que lo ejercen están en peligro y que no hay políticas públicas que los contemplen”, advierte el investigador.

El trabajo de oficina, que también implica proximidad y, en muchos casos, uso del transporte público, es otro de los que deberá adaptarse. Aunque, según el especialista, tiene más posibilidades de hacerlo a un bajo costo y sin que implique una pérdida de productividad.

Según el informe, 7 u 8 de cada 10 puestos de oficina en los que se utilizan tecnologóias de la información y la comunicación se pueden resolver por teletrabajo.

“Estimamos que siete u ocho de los puestos de oficina en los que se utilizan TICs (tecnologías de la información y la comunicación) son teletrabajables y las empresas están avanzando en ese camino”, sostiene y afirma que si bien hay una laguna regulatoria “muchas empresas se rigen en base a las ‘buenas prácticas’ y están entregando un monto fijo a sus empleados para que puedan comprar un escritorio y una silla ergonómica”.

De a poco, en este rubro, también empiezan a revisar otras cuestiones como implementar el trabajo por objetivos y no por horas.

“La pandemia está dejando en evidencia fallas que ya existían como el colapso en el transporte público o problemas en relación a las condiciones de higiene en algunos puestos de trabajo. Puede que sea un buen momento para repensar estas cuestiones y lograr mejoras que perduren el día después de la pandemia”, suma Albrieu.

Para Alejandro Melamed, consultor y referente en temas laborales y autor de “El futuro del trabajo y el trabajo del futuro”, no se puede hablar de una única “nueva normalidad”.

“Creo que vamos a tener varias ‘nuevas normalidades’. Hay muchísimas realidades diferentes”, remarca y asegura que con la pandemia “nos están cambiando el disco rígido”.

“Se viene la oficina híbrida, que es trabajar algunos días desde casa y otros desde la empresa para situaciones en las que lo presencial resulte indispensable”, comparte. “El espacio va a cambiar: será flexible y ágil. Pierde sentido la computadora individual de escritorio y seguramente habrá sitios de conexión que serán solicitados según la necesidad”, aporta.

Las fábricas más grandes y las multinacionales están trabajando en la aplicación de los protocolos y las empresas más pequeñas están viendo cómo sobrevivir. “Hacen lo mejor dentro de lo posible”, señala Melamed.

Por último, explica que, por temas de presupuesto, en muchos casos no están encarando grandes reformas vinculadas, por ejemplo, a solucionar problemas estructurales de espacio o ventilación. “Lo que hacen es minimizar los riesgos a partir de la organización de los empleados por turnos en células de trabajo”, remarca.

“Son situaciones intermedias para evitar contagios masivos que se van a mantener hasta que llegue la vacuna. Las empresas que menos invierten están poniendo parches. Lo más probable, en esos casos, es que no haya cambios de fondo. Todo indica que, superada la pandemia, van a volver a la forma de trabajo previa al coronavirus”, cierra Melamed.

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