Conciertos online, una modalidad que va más allá de la pandemia



El próximo 27 de setiembre, Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale ofrecerán su segundo show, “Actuar para vivir”, vía streaming. El título, idéntico al álbum de Baglietto de 1982, resume la dura realidad que atraviesan los artistas (trabajar) y la adopción veloz de un formato (el concierto online) de toda la industria para generar ingresos en medio de la pandemia.

En este contexto particular para el show business, productoras, ticketeras, sponsors y bandas armaron una nutrida programación de espectáculos en vivo para una platea virtual, sin pogos pero con la misma vibra.

“El negocio es muy chico, casi de supervivencia”, define Federico Peña, de Bando, una de las promotoras del mercado. El empresario sostiene, de todos modos, que las plataformas de streaming serán complementarias de los recitales presenciales. Al igual que en muchos rubros, la pandemia aceleró los proyectos para digitalizar los eventos para transmitirlos en vivo o grabados. “Ya desde antes teníamos previsto armar la plataforma, pero era un proyecto para más adelante”, reconoce Fernando Bolan, del grupo brasileño T4f, la dueña del teatro Opera y Ticketek.

En 2019, los shows representaron el 73% de la facturación de la industria. La irrupción del coronavirus complicó todos los planes, con cancelación de conciertos, festivales y el corte abrupto de los ingresos tanto para las productoras como para la comunidad artística. Sin fecha cierta para la reanudación de las actividades, la digitalización hoy es la fórmula para reactivar parcialmente la maquinaria. “Es un modelo de negocios de riesgos, donde todos son socios: artistas, productoras y sponsors”, dice Santiago Arieu, de Brand Studio.

En tiempos normales, el artista tiene un mínimo garantizado. El cachet varía según su convocatoria, que se solventa básicamente con la venta de tickets y los sponsoreos. Con el streaming, “los costos bajan considerablemente con respecto al evento físico, lo mismo que la venta de entradas. No obstante, tiene otras ventajas para desarrollar en la pospandemia”, agrega Arieu. Por caso, no hay capacidad máxima ni fronteras, por lo cual un show puede captar públicos alejados del lugar del concierto.

Brand Studio (Clarín) trabó un acuerdo con la productora Foggia para transmitir un ciclo de 6 shows en vivo desde el teatro Sur en Vivo, en Pompeya. El 12 abre Neo Pistea, un día después Benjamín Amadeo y el 19, Pedro Aznar. “Ya teníamos el plan de complementar los shows con streaming para federalizar el alcance de los shows que se realizan en AMBA y llegar a los mercados internacionales”, explica Marcelo Dionisio, ex CEO de Fénix y fundador de Foggia.

Los recitales se efectúan en escenarios reales con la banda en vivo, luces, sonido, pantallas gigantes y varias cámaras en alta definición. La puesta es completa, salvo por la ausencia de público. La repercusión del artista es crucial para la venta. Neo Pistea, por caso, es un músico de trap con una fuerte presencia internacional. Tiene 1,3 millones de seguidores en Instagram y Youtube y 1,6 millones de oyentes en Spotify. El ex Cris Morena, Benjamín Amadeo, “es muy popular en Israel”, añade Arieu. La expectativa es llegar a esos destinos.

Hay muchas otras propuestas a punto de arrancar. El 4 de setiembre, Miranda ofrece una función en el Movistar Arena, dentro de un ciclo que incluye un total de 20 artistas, entre ellos David Lebón, Vicentico y Soledad. Fernando Lang, su director comercial, estimó una audiencia de entre 3.000 y 5.000 personas por show, pero considera que en la “nueva normalidad” sumará público extra “cuando se agoten las localidades y de otros distritos”, ejemplificó.

Para el streaming, el estadio (que cuenta con una capacidad de 15.000 butacas) dispuso un escenario con 150 metros de pantallas LED, un set de 5 cámaras HD, otras dos cámaras robóticas, una grúa y equipos de sonido de última generación. Parte de los costos fueron solventados con los sponsoreos de Toyota, Banco Ciudad y Rapipago.

“El contenido por streaming es un commodity. La facturación es menor pero para las marcas es un tráfico valioso, porque es un público joven y porque buscan desarrollos digitales”, dice Bolan. Por necesidad y porque los plazos del aislamiento son difusos, las promotoras de espectáculos adelantaron sus planes. Una de las grandes del sector, Pop Art, implementó su plataforma de streaming “en dos meses”, revela Matías Loizaga, un alto ejecutivo de la compañía. En tiempo récord, armaron una serie de conciertos, que se inicia el próximo 26 de setiembre con la presentación de Airbag.

Ya hay varios antecedentes. Uno de ellos fue el Quilmes Rock, un evento grabado y posteriormente emitido por Internet. El más reciente, y el de mayor envergadura, fue el último Cosquín Rock. En su primera edición por streaming, el festival de dos días (8 y 9 de agosto), ofreció una programación de 70 artistas tocando en vivo en 4 escenarios distintos: Luna Park, Vorterix, La Trastienda y Teatro Roxy Alternativo.

José Palazzo, su fundador, dice que el esfuerzo demandó “una inversión real de US$500.000”, que no logró recuperar en su totalidad pese a despachar 150.000 tickets. Palazzo dice que eso no le preocupa. “Parte del dinero se destinó a la implementación de la plataforma de streaming, que permitirá complementar los shows físicos con los virtuales”, dijo. No es algo menor. El Cosquín Rock es un festival que se realiza en 10 países, entre ellos Estados Unidos y España. “Es un proyecto a largo plazo”, concluyó.

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