Con la solidaridad de 60 personas, le ganaron al desierto blanco de la nieve y siguen luchando por sus vidas



Las fuertes nevadas de julio en la Cordillera no levantaron el ánimo del grupo de pacientes renales que vive en la Línea Sur de Río Negro. Al contrario. En la zona más fría y salvaje de la Patagonia abunda la soledad, el viento y las temperaturas extremas que caen en picada hasta los 37 grados bajo cero. Para este puñado de enfermos crónicos las precipitaciones siempre son el murmullo creciente de una fatalidad.

La ecuación es simple: la nieve no permite cruzar a la combi que los traslada hasta Bariloche tres veces por semana. Y si no dializan a tiempo, se mueren.

Todos los martes, jueves y sábados, Susana Fernández (63), Argentino Rucal (58), Jorge Maese (63), Bellindo Méndez (74), Carlos Bernatene (40) y Carlos Lepiante (34), de Ingeniero Jacobacci; Laurita Quidel (28), Graciela Cañumil (60) y Victoriano Matamala, de Comallo; y Marcelino Garcés (60) de Pilcaniyeu, deben moverse desde sus localidades hacia San Carlos de Bariloche.

Un viaje que oscila entre las dos y tres horas dependiendo de la distancia que hay entre sus pueblos y la ciudad turística. El obligado recorrido condiciona por completo el ritmo de sus vidas.

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El invierno más crudo que se registra en 20 años en la región terminó de complicar un panorama de por sí enmarañado. Porque cuando no nieva, llueve o hay vientos huracanados o algo se rompe. La Patagonia en toda su dimensión. Entonces, la espera y la desesperación. ¿Llegaremos? Es la pregunta recurrente.

Su última diálisis en dos centros de Bariloche había sido el sábado 18 de julio. Debían retornar el martes 21, pero el temporal no aflojaba y la ruta 23 acumulaba 1,5 metro de nieve.

Carlos Lepiante y Carlos Bernatene en Bariloche, donde se hacen diálisis. Para llegar a la ciudad en medio del temporal de nieve vivieron una odisea. Foto: Marcelo Martínez

Un automóvil sin tracción y cadenas no podría desafiar al desierto nevado. Mientras tanto el tic tac del reloj vital seguía corriendo. La mayoría de estos pacientes supera los 60 años y no están en condiciones de saltarse una sesión de diálisis. El pronóstico marcaba más nieve y más frío para toda la semana, tal cual se cumplió con rigurosa precisión.

El martes comenzaron las gestiones en los hospitales y municipios de la Línea Sur con el propósito de que los enfermos pudieran llegar a Bariloche en el menor tiempo posible. En un primer término se descartó el uso de ambulancias: jamás superarían las paredes de nieve de la ruta. La ambulancia del hospital de Comallo salió con tres pacientes, pero se encontró rápidamente atrapada y su chofer tuvo que regresar. Por la misma razón se descartó usar el servicio del Tren Patagónico: por sus rieles cubiertos de nieve no podía operar. 

Dos de los pacientes de Jacobacci se descompusieron el martes por la noche y el intendente de la localidad, Carlos Toro, se decidió a impulsar un viaje el miércoles 22, coordinando esfuerzos de los tres municipios en los que viven pacientes renales, dos empresas mineras, Vialidad de Río Negro y los grupos solidarios 4wheelerosdelsur de Bariloche y Mallin Grande Aventura. Una operatoria en la que participaron unas 60 personas, tan compleja como imprescindible a esa altura del calendario.

Salieron desde Jacobacci dos camionetas, una manejada por el propio Toro. Eran la 7.30 de la mañana y hacía 8 grados bajo cero. La oscuridad, total. “El martes habíamos hecho un intento en un auto desde Ingeniero Jacobacci, para ver cómo estaba el camino. Pero a los 15 kilómetros vimos que era imposible y volvimos. Para hacer esos 15 kilómetros tuvimos que palear y para volver también. Ni las máquinas podían despejar en ese momento”, recuerda Carlos Lepiante a Clarín.

Al joven no le parece extraño mencionar que él, Bernatene y el chofer se pusieron hombro con hombro a quitar la nieve. Su condición de paciente, a sus ojos, no lo exime del esfuerzo en un ambiente antártico. “Nosotros ayudamos al chofer y las personas mayores se quedaron arriba. Si no, no se puede”, resalta.

Las máquinas viales despejando el camino para que pudiera avanzar la caravana.

Lepiante es profesor de educación física, aunque está de licencia por su enfermedad. Sufrió síndrome urémico hemolítico al año de nacido. Sus riñones no se desarrollaron adecuadamente y no filtran toxinas, detalla. A principios de año, su hermana le ofreció convertirse en su donante. Cuando estaban por viajar a Buenos Aires, a realizar los últimos estudios, la pandemia suspendió su oportunidad de vivir normalmente. Se encuentra en lista de espera en el INCUCAI. “Hay que seguir no más, después se verá”, se resigna.

Las primeras dos camionetas que salieron de Ingeniero Jacobacci transportaban seis pacientes y eran escoltadas por dos máquinas de Vialidad que lentamente iban despejando la ruta. “En un momento pensé: no llegamos. No sé qué podía pasar porque algunos pacientes empezaron a sentirse mal. Yo sé que puedo saltarme una sesión y no siento tanto el efecto, pero otros no”, explica Lepiante.

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La caravana demoró tres horas hasta Clemente Onelli, ubicada a 56 kilómetros, y otras dos en llegar a Comallo, a otros 40 kilómetros. Allí subieron tres pacientes. Entonces se encontraron con el sector imposible de la ruta 23: la “Subida de Navarro”.

“¡Es la parte más brava! Al costado había una máquina a la que le estaban colocando cadenas porque no podía pasar. Yo creo que si no es por la gente de 4wheelerosdelsur de Bariloche no la pasamos. Ellos abrieron esta parte del camino y encadenaron las camionetas como un tren”, señala Carlos Bernatene.

La caravana, avanzando a paso lento hacia Bariloche.

Los amantes del volante de Bariloche llegaron en seis camionetas que ataron a otras dos y convirtieron el conjunto en una formación ferroviaria. Con empeño, paleo y cambios bajos, fueron subiendo y bajando el sector. “Había mucha mucha nieve en Comallo y después mucho barro. Un barro peligroso”, acota Bernatene.

“Si no es por la ayuda de toda esta gente, no cruzamos. ¡Nos morimos!”

“Cuando vimos que una máquina estaba atrapada entre la Subida de Navarro y Pilcaniyeu, la cabeza me empezó a jugar mal. Lo psicológico me afectaba. Para mí era algo catastrófico. Porque ninguno de nosotros puede vivir sin la diálisis y yo ya estaba bastante mal. Y si no es por la ayuda de toda esta gente, no cruzamos. ¡Nos morimos! Ya hubo casos de muertes en ambulancias en el pasado. Así que hubo que meterle máquina, ocho camionetas encadenadas y pala, para cruzar, no había otra manera”, rememora Bernatene.

Bernatene explica que sus problemas con los riñones son de toda la vida y que en su familia hay antecedentes. No está anotado en el INCUCAI porque, indica, no tiene los medios para afrontar un trasplante. “La obra social se puede hacer cargo del trasplante, pero yo no tengo plata para el viaje, ni para la comida en Buenos Aires. Con estas sesiones tampoco puedo trabajar y sin trabajo no hay plata”, sentencia.

“Espero que estas circunstancias sirvan para mostrar lo mucho que se necesita un centro de diálisis”

Bernatene confiesa que, mientras apaleaba a lo largo de la ruta 23, sus pensamientos eran oscuros. “No se puede vivir así. Viajando tres veces por semana. Nos vamos a la madrugada, volvemos a la noche, cansados. No ves a tu familia, no puedes hacer nada. Tendría que haber un centro en Ingeniero Jacobacci, espero que estas circunstancias sirvan para mostrar lo mucho que se necesita”, subraya.

“Acá lo más importante fue que hubo personas solidarias que se mandaron en medio del temporal. Los que salieron con nosotros desde acá de la Línea Sur y los de Bariloche que salieron a encontrarnos. Hasta el intendente manejaba una. Las camionetas sobre todo fueron las que armaron la huella, porque había un metro de nieve. Fue muy valiente la gente que salió a la ruta para llevarnos a nosotros”, concluye Bernatene.

“Fue muy valiente la gente que salió a la ruta para llevarnos a nosotros”

La menor del grupo es Laurita. La joven afirma que durante el año, aun con la ruta despejada, los viajes se vuelven agotadores. “Casi siempre son más de cuatro horas y a eso hay que sumarle el cansancio que te deja la diálisis, porque a veces salís mal de ahí”, detalla.

Uno de los vehículos, en el medio de la nieve con una visibilidad casi nula.

Quidel observaba conmovida el operativo de personas y vehículos que quitaban la nieve con determinación, mientras aceleraban los motores hasta ganarle metros al destino.

“Un solo vehículo nunca hubiera podido pasar. Porque las máquinas se habían quedado a los costado o no alcanzaban a sacar la nieve. Al pie de una subida ni la máquina podía hacer nada. No había huella era todo nieve y nieve. Todo blanco. Los chicos se bajaban, paleaban un rato y seguíamos. Yo también tenía miedo de que no pudiéramos seguir, además hay gente mayor que es paciente. Pero siempre seguimos para adelante”, agrega Laurita.

Laura Quidel agradece la solidaridad de quienes los ayudaron a llegar desde sus pueblos a Bariloche para poder dializarse. Foto: Marcelo Martínez

La joven sufrió lupus a los 16 años y quedó con secuelas en sus riñones. En mayo debía viajar por primera vez al Hospital Argerich en Buenos Aires junto a su mamá, quien se ofreció como donante. A ella también el coronavirus le frenó sus sueños y no sabe cuándo podrá retomar su intento de lograr el trasplante. “Más adelante, tal vez”, dice.

La caravana llegó a Bariloche alrededor de las 20.30 del miércoles 21 cuando la noche otra vez se cernía sobre sus cabezas. Unas 13 horas de travesía. Su tránsito estuvo marcado solo por dos colores. El negro de la oscuridad y el blanco de una gigantesca cortina de la que manaba nieve y que apenas dejaba observar el horizonte.

El intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso dispuso que el grupo se instale en el Hotel Gran Bariloche, en el centro de la ciudad, hasta que pase el periodo de mal tiempo. Tres pacientes, uno de Pilcaniyeu y dos de Comallo, optaron regresar a sus pueblos. Los demás continúan en el establecimiento o en casas de familiares.

Entre tanto los días se les pasan, lejos de sus hogares y de sus familias. El pronóstico anuncia lluvias a lo largo de la próxima semana aunque los meteorólogos advierten que las nieves podrían volver.

Bariloche. Corresponsal

AS

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