Científicos del ANLIS Malbrán lograron mapear la bacteria del cólera que generó una epidemia hace 30 años



Estamos en el inicio de los años 90. Coronavirus es una palabra que nadie conoce, pero hay otro patógeno que genera preocupación: se llama Vibrio cholerae, la bacteria del cólera, enfermedad por la que, entre 1991 y 1993, se infectaron un millón de personas de América Latina y murieron más de 14.000. Esta semana, un grupo de científicos ingleses y argentinos (del INEI-ANLIS “Dr Carlos G. Malbrán”) trajeron el recuerdo de esos días al tapete noticioso: publicaron un paper en la prestigiosa revista Nature donde revelan que, a partir de casi 500 secuencias del genoma del cólera, lograron dilucidar cómo se desplegó la enfermedad hace 30 años, en función de lo cual, además, podrán pronosticar la evolución de la bacteria.

El trabajo, “Genomics of the Argentinian cholera epidemic elucidate the contrasting dynamics of epidemic and endemic Vibrio cholerae” (“Los aspectos genómicos de la epidemia de cólera en Argentina aclaran las dinámicas contrastantes entre vibrio cholerae epidémico y endémico”) fue realizado por expertos del Malbrán, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine (Universidad de Londres) y del Wellcome Sanger Institute (Universidad de Cambridge). El eje del trabajo es, como su nombre lo indica, el contraste entre el llamado cólera “endémico” y aquel que llegó a la Argentina, presumiblemente de Perú, donde la epidemia pisó con mucha más fuerza que acá. A diferencia del primero, este peculiar linaje de la bacteria (7PET) tenía potencial pandémico.

Los científicos introdujeron el paper con palabras bien relevantes: denotan en el abstract la pertinencia científica de estudiar estos temas, algo que cuando el mundo intenta replegar la pandemia de covid-19, se está volviendo central: “Para controlar y erradicar el cólera epidémico debemos comprender cómo comienzan las epidemias, cómo se propagan, cómo disminuyen y finalmente terminan. Esto requiere un muestreo extenso de enfermedades epidémicas a lo largo del tiempo, junto con los antecedentes de enfermedades endémicas que pueden existir al mismo tiempo que la epidemia”.

Cólera en Salta en 1999. Foto Daniel Rodriguez

Entonces, del mismo modo que para “entender al coronavirus” se volvió central saber más sobre la “huella inmunitaria” que vinieron dejando en el organismo otros coronavirus (los “primos” del SARS-CoV2 que causan resfríos comunes), los expertos del cólera aclaran que utilizaron “490 secuencias del genoma de V. cholerae argentino para caracterizar la variación dentro y entre V. cholerae epidémico y endémico”, lo que les permitió mostrar que “durante la epidemia de cólera de 1992-1998, el clon epidémico invariante coexistió junto con miembros muy diversos de la especie Vibrio cholerae en Argentina”.

Recolectando agua en Santa Fe en 1996. El agua es clave en la transmisión del cólera. Foto Daniel Rodríguez

La investigación (considerada hasta ahora el estudio genómico más grande de su tipo) les permitió refinar la concepción que se tenía de estas cepas: mientras una tiene potencial pandémico (la “7PET”), el “local” o endémico carece de ese alcance. Y mientras el primero sufrió cambios a lo largo de los años, la variante regional prácticamente no tuvo variaciones evolutivas. Estas precisiones, que podrían parecer irrelevantes, son centrales para la vigilancia epidemiológica de una enfermedad que todavía hoy es problemática en muchos países. Allí donde las poblaciones no acceden a agua segura, la principal vía de transmisión de esta bacteria causante de severas diarreas que podrían llevar a la deshidratación y, en consecuencia, a la muerte.

Un agente sanitario atendiendo a los enfermos de cólera en Misión Carboncito, en Salta, en 1997. Foto: Daniel Rodríguez

Así advierten del “mayor riesgo que presenta un brote de 7PET en comparación con el de un brote sin 7PET”, conceptos útiles “para garantizar que la respuesta epidémica se centre en los clones 7PET de alto riesgo y que también exista un seguimiento eficiente de las contribuciones a la salud pública de los clones endémicos que no son 7PET, incluso a través de la vigilancia ambiental”.

El caso de Chaco

Un ejemplo que ofrecen de la vital importancia de conocer los tipos de cólera es la proliferación de la bacteria en la provincia de Chaco en 2005, causado, explican, “por V. cholerae O1 no epidémico del linaje MX-27”, por lo que “no causó cólera epidémico”. “Recientemente se han hecho observaciones similares en China. El riesgo relativo de los linajes de V. cholerae debe tenerse en cuenta en la magnitud de las respuestas de preparación para epidemias a tales brotes, como se está haciendo ahora en Argentina”, señala el trabajo.

En el río Bermejo en la provincia de Chaco pescadores aborígenes enfermos de cólera, en la década del 90. Foto: Daniel Rodríguez

A diferencia de esa variante, el paper remarca que la bacteria que circuló en Argentina en 1992 estaba estrechamente relacionada con la aislada y secuenciada en Perú, por lo que no era una cepa diferente (como se había pensado). En cambio, el brote que hubo en nuestro país en 1996 surgió por una mutación del tipo peruano, “y esta mutación pudo haber ocurrido en Argentina”, explican, cuestionando la hipótesis de que se había introducido una nueva cepa proveniente de los países vecinos. Por fin, “el brote argentino de 1997, a su vez, fue causado por un pariente cercano” del de 1996, todos “matices que hubieran sido útiles para la salud pública en el momento de la epidemia”.

Ligado a lo anterior, otra conclusión relevante es que “América Latina estuviera libre de cólera durante 97 años se debió únicamente a la ausencia de linajes pandémicos”.

Los pueblos indígenas del norte expuestos al cólera, a fines de los 90. Foto: Daniel Rodríguez

Josefina Campos, científica del Malbrán y autora principal de la investigación, detalló que los datos obtenidos podrán usarse en el monitoreo y respuesta de “cualquier brote de cólera futuro: las bacterias que causan epidemias plantean una situación muy diferente de riesgo para los que no lo hacen; esta es información simple que es fundamental para el control de enfermedades”.

“Somos el primer sistema nacional de informes en el mundo en utilizar datos genómicos para monitorear el cólera de esta manera –señaló Campos citada por EurekAlert!–. Gracias a un sistema integral de vigilancia y reporte, el laboratorio de referencia en Argentina contiene una ‘instantánea’ de toda una epidemia”. 

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