China, la esperanza del Gobierno para tener más dólares



Conseguir más dólares para crecer en forma sostenida es uno de los temas de la agenda económica del Gobierno. Días atrás, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, planteó que la Argentina debería exportar US$90.000 millones para evitar “el corset del crecimiento”. El canciller Felipe Solá sostuvo que deberían subir US$25.000 millones al año, como mínimo. Con su demanda interna en alza, China acopla sus necesidades a las de la Argentina y se perfilan para ser aliados estratégicos.

Las últimas estadísticas registran algo de eso. Por el impacto de la recesión en Brasil, China se consolidó en el último trimestre como el principal cliente del país. Más todavía. El déficit crónico argentino en el intercambio se viene achicando año tras año. Entre 2018 y 2019, el rojo bajó de US$7.593 millones a US$2.209. “Y este año vamos hacia el equilibrio”, explica Diego Guelar, el ex embajador en China durante el gobierno de Cambiemos.

Según un informe de Abeceb, en el acumulado a julio, los 5 socios principales fueron Brasil (US$8.456 millones entre importaciones y exportaciones), China (US$7.721 millones), Estados Unidos (US$4.435 millones), Vietnam (US$2.198 millones) y la India (US$1.945 millones). Con esos 5 países, la Argentina obtuvo un superávit total de US$9.573 millones, pero tiene rojos con Brasil (US$312 millones), China (US$903 millones) y Estados Unidos (US$581 millones).

El balance se modifica rápidamente, coinciden los entendidos, producto de la reconversión del modelo económico chino. Su crecimiento, hoy, está sustentado en la demanda interna y no tanto en las exportaciones, fruto del desarrollo de la clase media: 440 millones de personas sobre una población total de 1.379 millones. “Hoy China importa 3 veces más de lo que exporta” y “es la principal socia comercial de 144 países en el mundo”, señala el analista internacional Jorge Castro.

Por ese motivo, la estrategia de China es privilegiar las relaciones con países como la Argentina, Brasil, Chile y Perú. “La región tiene alimentos, minerales y energía, en los cuales China es deficitaria”, explica Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, es decir, que “compra cosas que la Argentina hace o puede hacer”.

El intercambio bilateral está basado en materias primas contra manufacturas. De enero a julio, la Argentina exportó a China un total de US$3.409 millones, con la soja y la carne como productos de bandera. En forma inversa, se importaron mercaderías (máquinas, reactores nucleares, químicos, autos y autopartes, entre otros) por US$4.312 millones. ¿Es una relación equitativa?

Guelar sostiene que la Argentina necesita ampliar mercados y que todos los socios son importantes. Pero subraya que la relación con China es crucial y que hoy todos los commodities tienen valor agregado. “Es un debate muy antiguo porque productos como la soja son de altísima elaboración”, insiste. El ex diplomático pone de ejemplo a Chile, que el año pasado exportó a China cerezas, “con un margen extraordinario”, por US$1.600 millones. “Una caja de cerezas vale como dos celulares”, dijo.

El director de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina, discrepa parcialmente. Sostiene que China es principalmente un comprador de commodities y que la Argentina debería promover la venta de productos más industrializados, como la carne o de las economías regionales. Sin embargo, advierte que no está claro si la relación con el gigante asiático es del tipo centro-periferia y de productos industriales contra materias primas. “No es lo mismo vender cerdos que porotos de soja”, graficó.

El estancamiento de las exportaciones argentinas ya es algo crónico. El año pasado, la Argentina facturó unos US$65.000 millones por ventas al exterior, “la misma cifra que 10 años atrás”, señala Elizondo. El récord de exportaciones fue en 2011, cuando totalizaron US$82.981 millones. Se dio en un contexto en el que China crecía y Brasil, el principal destino de la producción automotriz y otras manufacturas industriales locales, crecía a “tasas chinas”. La realidad, hoy, es sustancialmente diferente.

La crisis del coronavirus impactó en las balanzas comerciales con ambos países. En el primer semestre del año, las exportaciones a Brasil alcanzaron los US$3.514 millones, que contrastan con los US$5.142 millones del mismo período del año anterior. Las ventas a China aumentaron poco más de US$530 millones (US$2.772 millones contra US$2.240 millones de 2019). El gigante asiático atravesó lo peor de la pandemia, su economía se recupera y estimula la demanda global de alimentos y energía.

“Brasil es un socio estratégico de la Argentina y es una relación crucial para muchas empresas (pymes y economías regionales), que nunca podrían exportar a China”, aclara Sergio Cesarin, investigador del Conicet y profesor de la Untref. De todos modos, el experto remarca la necesidad de profundizar y aprovechar las oportunidades que ofrece China, pero condiciona esa relación bajo “estándares de transparencia y a largo plazo, algo que no es solo con un gobierno”, dijo.

Con la necesidad de obtener más dólares y de fomentar las exportaciones, el Gobierno trata de ser cuidadoso en su relación con China, en el marco de la guerra comercial entre Beijing y Washington. “En este momento, no podemos prescindir de ningún socio”, analizó una fuente oficial. En este sentido, añadió que si bien China es hoy el principal socio del país, “Estados Unidos es el mayor inversor extranjero”, lo que implica un equilibrio delicado.

Vista por sectores, la industria (sobre todo la automotriz) ruega por una recuperación de Brasil. “Casi todas las exportaciones a China son alimentos. Y la carne es el producto de mayor potencial. Las ventas a Brasil están más diversificadas. Lo más importante son los autos, pero hay muchos otros bienes industriales, como plásticos, farmacéuticos y maquinaria agrícola, por ejemplo”, distingue Javier Cao, economista de Abeceb.

Los entendidos coinciden en que la debilidad de las exportaciones a China tiene que ver con la producción. “La Argentina podría quintuplicar sus exportaciones a China si incrementara su nivel de producción”, asegura Guelar. Sobre ese desafío es donde aparecen las dudas y los pronósticos son inciertos.

La gripe porcina, una oportunidad para las carnes

En 2020 proyectan exportar 870.000 toneladas de carne, principalmente a China.

El Gobierno trata de profundizar las relaciones comerciales con China. Un dato inequívoco es que la Cancillería analiza abrir un nuevo consulado y hay dos ciudades en la mira: Chengdu o Chongqing. Se sumará a las cinco representaciones argentinas instaladas en el gigante asiático: dos en Beijing (sede de la embajada y un consulado), Guangzhou, Hong Kong y Shangai. Todo con el objetivo de reforzar el intercambio con la segunda economía global.

Por estrategia y mucha casualidad, la demanda de carne despegó en forma notable. En 2019, la Argentina exportó 870.000 toneladas por un valor de US$3.100 millones. Del total, “630.000 se destinaron a China”, grafica Miguel Jairala, analista económico del IPCVA (Instituto de Promoción de Carne Vacuna).

Hay dos factores que explican la demanda. Por un lado, la necesidad de alimentar a su ascendente clase media, y por otro lado, sustituir la pérdida de un tercio de su stock de cerdos debido a la gripe porcina. Justamente por ese último motivo, China flexibilizó las condiciones para comprar y ya son alrededor de 35 plantas argentinas habilitadas y “hay otras 10 en lista de espera”, dijo al Económico Mario Ravettino, titular de Consorcios ABC (por sus siglas inglesas Argentine Beef Consortium).

En el sector proyectan despachar a China un volumen similar este año, pero a un precio mucho menor.“La tonelada llegó a cotizar US$5.500 a fines del año pasado y el precio testigo hoy ronda los US$4.000”, dice Jairala.

Entre los mayores exportadores están Swift, Gorina, Arre Beef, Friarsa, Compañía Bernal, Frigorífico Rioplatense y Marfrig. Pero hay un caso notable. Ubicado en la localidad santafesina de Villa Gobernador Gálvez, el frigorífico de Swift (del grupo brasileño Minerva Foods) es “la planta que más carne despacha a China”, añadió Jairala.

El impacto de la gripe porcina generó una oportunidad para el sector cárnico argentino. Ravettino explica que el consumo per cápita de cerdo pasó de los 46 kilos anuales a 24. “Esa diferencia se está sustituyendo por carne vacuna”, señaló el directivo. Por otro lado, añade que la industria podría llegar a exportar hasta 1 millón de toneladas anuales en los próximos 4 años, por un valor de US$6.500 millones.

Lo que hoy preocupa al sector es la baja internacional de los precios. Según Jairala, esto obedece a dos razones.Por un lado, la competencia desde Brasil, cuyas colocaciones están afectadas por la pandemia. Y por otro, la intervención del gobierno chino de planchar los precios de las importaciones. “Para eso se renegociaron contratos”, finalizó.

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