Cerró La Bistecca de San Isidro: “Simplemente es el lugar donde dejé mi vida”, dice un mozo



A raíz del aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus, buena parte de los restaurantes del Gran Buenos Aires atraviesan una fuerte crisis económica. La Bistecca, uno de los sitios gastronómicos más reconocidos de Martínez, cerró definitivamente sus puertas luego de 18 años de trabajo.

La noticia se dio a conocer cuando La Parolaccia, cadena que opera hace más de 30 años en Argentina, comunicó a través de lnstagram el fin de la parrilla ubicada sobre Dardo Rocha, así como el de Casa Tua en Puerto Madero y la planta productora de pastas en Barracas.

Los clientes del famoso restaurant lamentaron el cierre de La Bistecca, ícono del barrio por sus platos y su atención. Rubén Ramírez, quien supo ser mozo durante 16 años, expresó su conmoción tras la pérdida de su empleo: “Empecé a trabajar en el 2004 y dejé mi vida allí. Siento mucho dolor porque esa fue mi casa durante más de una década”.

A Rubén Ramírez le tocó atender a uno de sus mayores ídolos: Marcelo Gallardo, DT de River Plate.

El camarero de 47 años es oriundo de Chaco, lugar donde dejó a sus ocho hermanos para llegar a Villa Adelina en busca de oportunidades. Hoy vive con su esposa Mirtha, su hijo Mathias de 16 años, su hija Mailen de 6 y Milena, su bebé que acaba de cumplir tres meses de vida. Su familia, gran sostén en la difícil situación que vive, también tiene que ver con el emblemático restaurant. “Para mí, La Bistecca significa fraternidad. En el cumpleaños de uno de los mozos conocí a mi señora con quién formé una hermosa familia. Soy el padrino de los hijos de mis compañeros. Entre todos somos como hermanos”, dice emocionado.

El equipo de la sucursal de Martínez estaba compuesto por 45 personas entre mozos, cocineros, bacheros, encargados de parking, empleados de mantenimiento y supervisores. “Siempre tuvimos un excelente clima laboral gracias al gran grupo humano. Lo que se armó en La Bistecca es algo grandioso”, reconoce Ramírez. Aunque todos ellos conocían la posibilidad del cierre, no perdieron las esperanzas: “Veíamos que España ya estaban atendiendo con protocolos y estábamos dispuestos a readaptarnos porque queríamos que la empresa saliera adelante”.

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Los dichos de Luis Barrionuevo, titular del sindicato de los Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos (UTHGRA), en un programa de televisión sorprendieron a los empleados. “Escuchamos que algunos restaurantes de la cadena iban a cerrar y, finalmente, el primer día del mes recibimos un llamado por parte de la gerencia”, relata. Y continúa: “Nos pusimos muy contentos porque pensábamos que íbamos a volver a trabajar innovando e incorporando cosas nuevas. Sin embargo, nos comunicaron el cierre definitivo”.

Tanto la angustia de Rubén como la de sus compañeros no tardó en llegar: “Fue muy doloroso para todos. Aunque es algo que se está viviendo a nivel mundial, nos chocó mucho esta decisión porque somos gente honesta y trabajadora que siempre cuidó su empleo”.

Fanático de River Plate, Rubén aprovechó para posar con figuras del club como Daniel Onega, que fueron a comer a La Bistecca de Martínez.

Ramírez pasa los días en su hogar rememorando a toda hora anécdotas de estos 16 años. “Amo mi profesión, ser mozo es la pasión de mi vida. Parece fácil pero no es algo que puede hacer cualquiera”, advierte. Y explica: “Siempre decimos que somos como los psicólogos porque sabemos leer al cliente, detectar qué es lo que quiere y qué les interesa a sus hijos. Para ser un buen camarero hay que saber leer las jugadas de las mesas, intuir mucho, convencer al comensal, recomendar vinos y hablar con el cocinero para conseguir lo mejor”.

Los recuerdos no dejan de surgir para el chaqueño: “Conocí a Pepe Sand, jugador de Lanús, que me preguntó de donde era y nos dimos cuenta que teníamos muchas personas en común en Tres Isletas. Además, soy hincha de River Plate y pude sacarme fotos con figuras como Marcelo Gallardo, Carlos Sánchez, Leonardo Pisculichi, Exequiel Palacios y Daniel Onega. Siempre me preguntan cómo veo al equipo”. Y comenta: “En varias oportunidades me tocó atender al “Poroto” Cubero, un tipazo que siempre saludó a todo el mundo y que nos trató muy bien. Esas son las cosas lindas que a uno le quedan”.

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Los vecinos que solían frecuentar el restaurant hoy se contactan con los trabajadores para apoyarlos: “Me llaman y me piden mi currículum para difundirlo. Nos vieron rompernos el alma y ahora nos quieren dar una mano. Incluso clientes como Guillermo Lobo están atentos a ayudarme con mi búsqueda laboral”.

El equipo de La Bistecca de Martínez se formaba por 45 personas entre mozos, cocineros, bacheros, encargados del parking, empleados de limpieza y supervisores.

Entre los mozos, hoy inicia una nueva etapa: mientras que algunos se encargan de trabajos provisorios como poda de árboles, otros como Rubén se forman para ser técnicos en refrigeraciones. “Somos muy solidarios entre todos y nos ayudamos para que cada uno tenga su manguito”, admite.

Ramírez ve el lado positivo: “Hoy me toca quedarme con mi hija de tres meses en mi casa y disfrutarla a pleno. Es una pérdida muy grande para todos, pero guardo hermosos recuerdos en La Bistecca, mi casa durante 16 años”.

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