Cedió Cristina para reabrir el Senado



El trío gobernante ajustó clavijas en una semana de operaciones clandestinas para apagar el fuego en la sala de máquinas. El resultado es incierto, porque Cristina de Kirchner se vio obligada a ceder ante las condiciones que le puso la oposición de Juntos por el Cambio & asociados para normalizar la actividad del Senado. En uno de los picos de esa puja interna, ella subió el tono: Estoy cansada de ser siempre la mala y que otros sean los buenitos. Un dictamen para los hermeneutas del cristinismo. Con esa frase mandó a negociar con los radicales, lo desairó al ministro estrella de Salud y le trasladó a Alberto el debate sobre la ley de fibrosis quística, algo que le pertenece al poder legislativo. Un triunfo pírrico, diría el locutor de turno. Con esas concesiones la vicepresidente paga la baja performance del negocio que le han encargado: le confían la cámara donde el peronismo domina más que en ningún otro espacio, y no la puede hacer funcionar de manera pacífica. Las discapacidades del gobierno tienen una sola explicación. Es un gobierno de vicarios que no construyeron el poder que ejercen. Alberto es un presidente puesto que aplica rutinas de prueba y error. Muy digno en la academia: inconducente para resolver conflictos. Confía de más en las curaciones de palabra – cree que hablando se arregla todo. No siempre, y menos si le estás diciendo a cada uno lo que quiere escuchar. Cristina no la tiene mejor. Heredó un Senado que ya tenía mayoría peronista que ella tampoco construyó – ese formato venía de 1983 – y hasta diciembre administraba Miguel Pichetto. Así, cualquiera. Un bajón porque es un activo del peronismo al que ella desaira cuando le conviene – y lo usa cuando le conviene. Además, compromete al oficialismo con iniciativas de alto costo de instalación y justificación, que después se congelan: comisión Vicentin, sacarle escuchas a la Corte, ley de impuesto a los recontra ricos. ¿Nada le sale? Por ahora, poco.

Dos protocolos de urgencia en 24 horas

Esta vez, la vía que eligió Cristina para instalarse con el mejor perfil frente a los defensores del subsidio a los tratamientos de la fibrosis quística – que según Ginés pueden costarle al sistema unos US$421 millones al año – fue admitir los reclamos de un protocolo más amigable para el actual funcionamiento remoto de la Cámara, al que rigió hasta ahora. Reescribió, con diferencia de 24 horas – de martes a miércoles – un decreto como presidente del Senado. La oposición había pedido que la autorización para que las sesiones remotas tuvieran un plazo fijo; que Cristina decidiera el orden del día en reuniones de Labor Parlamentaria; que se ampliase el tiempo de exposición de los legisladores, y que los senadores que quisieran no fueran impedidos de estar presentes en las sesiones. Estos pedidos los rechazó en el decreto 11/2020 que firmó el martes, pero los concedió todos, salvo la autorización a estar presentes, en el decreto 12/2020 que reemplazó al anterior. El cambio fue la respuesta a la amenaza de la oposición de no concurrir más a las sesiones en una cámara que el peronismo controla, pero sin los 2/3 de los votos, y de llevar a la justicia la legalidad del funcionamiento remoto de la cámara. Las objeciones las podrían extender a las leyes aprobadas bajo la vigencia del protocolo que vence el 7 de agosto, que ahora quedó aprobado por otros 60 días. La oposición apoyó el nuevo decreto dándole la unanimidad a la sanción. Con esto liberaron al oficialismo del debate sobre si era una reforma del reglamento, que requiere 2/3 de los votos, o una resolución de la cámara. El debate se licuó a partir de la explicación del aliado de JxC Juan Carlos Romero: unanimidad es más que dos tercios. Sigamos adelante.

Secretos del pacto formoseño

Cristina retrocedió en sus impulsos pretorianos sobre la cámara, cuya gestión le ha confiado el tridente gobernante – Alberto-Massa-Cristina – pero que no ha podido superar el bloqueo del tercio de la oposición sobre proyectos estructurales del peronismo – designación de Daniel Rafecas, de un Defensor del Pueblo, eventuales nombramientos de jueces de la Corte o, más simple, el tratamiento de proyectos que necesitan esa mayoría cualificada cuando se los quiere tratar en sesiones de tablas – o sea sin esperar los 7 días hábiles que necesita un despacho de comisión para ser habilitado en el recinto. Este cepo de la oposición le hace perder casillas a Cristina en la puja que libra con Alberto y Massa sobre el control de la coalición gobernante. Esto tiene un solo objetivo, que es la confección de las listas de candidatos para las legislativas del año que viene, en las cuales cada tercio intentará apropiarse del programa futuro, o sea 2023. El acuerdo para el cambiazo de los decretos – del 11 al 12 – se le atribuye a una negociación entre los jefes de bloques mayoritarios, los dos formoseños, José Mayans y Luis Naidenhoff. Confrontan, pero tienen un entendimiento amistoso que esta vez permitió que la oposición fuese a la sesión del jueves en el Senado. Un retroceso de Cristina para recuperar aire, que coincidió con una de las rabietas más estridentes que se le conocen desde que asumió, y que cerró la batalla de la fibrosis quística, una radiografía de las relaciones en el trío gobernante que provocó tumultos que aún no cesan en el oficialismo. El peronismo quería aprobar el jueves, y lo logró, esa ley que subsidia los tratamientos de una terrible enfermedad a cuya curación nadie le quiere negar apoyo.

Nadie en política hace lo que quiere

No son caprichos personales, sino necesidad de poder. La oferta explicativa de la política en la Argentina tiene un fuerte tendencia a las interpretaciones románticas – dicho técnicamente – de los hechos-. Como la historiografía del romanticismo, entiende que el actor de la política es el individuo, el héroe, el caudillo, constructor al que atribuye las condiciones de las personas reales. Imagina que deciden atormentados por dudas, dilemas, paradojas, padecimientos de diván que en realidad no experimentan esos artefactos sociales que son los políticos. Se cree que hacen lo que quieren, que pueden mover a los otros desde sus condiciones personales de carisma, talento, etc. Nada menos útil para explicar nada. Nadie en política hace lo que quiere, el rango de su voluntad es bajísimo frente a las imposiciones de la necesidad, que controlan otros factores que están fuera del control personal. Por eso los políticos hacen lo que deben, según los intereses del conjunto que integran, que los construye como actores. En política nadie arrastra a nadie al suicidio y el público suele advertir con olfato pampa si los llevan al paraíso o al infierno. Hay que tenerlo en cuenta para entender qué pueden llegar a hacer los protagonistas. Algunos imaginan un Alberto con una fuerza que no tiene (en los afiches Albistur de “Fuerza Alberto”), otros a Máximo como heredero de la exsenadora por la minoría en Buenos Aires. Uno y otro harán lo que deban y lo que más les convenga.

Un destino porteño para Macri: heredar a Larreta

Este arbitraje de posibilidades ayuda a leer lo que puede llegar a hacer alguien que está en el silencio más aturdidor, que es no asomarse ni al zoom, como Elisa Carrió. No se aviene a salir por esas pantallas controladas, pero es dueña de los votos en el distrito Capital que necesita su fuerza. Hasta setiembre no aparecerá, pero indica rumbos que siguen sus coroneles. Por ejemplo, prevenirse de los llamados del gobierno a conversar. “Es una trampa, vienen con las peores leyes cada vez que nos llaman. Están débiles y quieren dividirnos a nosotros”. Será candidata si la racionalidad lo exige. Como puede serlo Pichetto por Buenos Aires, provincia donde nació y por la cual puede encabezar la lista de diputados nacionales de una liga opositora, en un distrito que reelige muchos legisladores. Río Negro, su alma mater, le queda chico. Lo que convenga, dictamen que también acatará en su momento otro silente, Macri. En estos debates de mesa de arena, él tiene que encontrar el rol que más convenga a su talla y a los intereses de su sector. Seguramente ese interés está en la Capital, donde mejor le fue y donde más se lo reconoce. Le aburre el Congreso y sería una voz más. ¿Qué tal, se preguntan algunos que hablan con él, si encabeza el año que viene la lista de legisladores? Le asegura una victoria al oficialismo de su heredero – pero también constructor de su presidencia – Horacio Rodríguez Larreta. Ese puesto sería la mejor antesala a una candidatura en 2023. La mejor chance será a jefe de gobierno de la ciudad, cargo que puede ganar con facilidad. Además, le puede asegurar una gran elección de Larreta a la presidencia, que disputará con aliados del radicalismo – Gerardo Morales, Mario Negri, Martín Lousteau-, algunos de ellos pueden quedar como vice en la fórmula.

El costo: desairar al Ministro estrella del Gabinete

El proyecto de fibrosis quística había nacido de una iniciativa de los radicales y venía de Diputados aprobado por casi unanimidad. Lo objetó el propio Ginés, una de las estrellas del gabinete por su rol en las campañas contra el coronavirus. El ministro se había ocupado de advertirle a Alberto Fernández de esas objeciones y desaconsejó su aprobación por: 1) inútil, 2) caro, 3) viscoso porque es una ley con marca de origen (un laboratorio), 4) insolidaria, 5) antifederal, y 6) inconstitucional porque ordena el “otorgamiento inmediato del Certificado Único de Discapacidad a la persona diagnosticada, el cual será de por vida”. Según explicó Ginés ante la comisión, no existen discapacidades de por vida, sino personas con discapacidad. Apartarse de ese criterio es violatorio de convenciones internacionales. Creyó haberlo convencido al presidente, pero a los pocos días, Fabiola Yánez, primera dama, viralizó un video en apoyo de la iniciativa. Ginés llevó su inquietud al Senado y creyó haber convencido a los legisladores de su banca, cuando calculó que el tratamiento que se quiere ordenar cuesta unos US$300 mil por año para un solo paciente. Carlos Caserio, presidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda, calculó en 1.400 la cantidad de enfermos en la Argentina y eso llevaría el gasto anual a los US$420 millones. Por esa convicción aceptó el martes exponer estos argumentos en un plenario de comisiones, a pedido de Mayans y de Caserio, ante quienes agregó que se había aprobado en una maratón de leyes en diciembre pasado, sin discusión entre asesores ni en comisión. La rapidez de la sanción se favoreció por el rótulo del proyecto, que pedía la aprobación de la “declaración de interés nacional de la lucha contra la enfermedad”. Fue colocado en el paquete de iniciativas que, en cualquier sesión de final de año, los legisladores aprueban a mano alzada sin siquiera leerlas. Este proyecto amenaza con hacer quebrar, dijo Ginés, a las obras sociales y a los prepagos. La ley no sirve, sintetizó, y terminará en una catarata de juicios. El acuerdo con Ginés y los senadores era que el proyecto seguiría en la comisión, para mejorarlo con los asesores del poder Ejecutivo. Pero el pacto quedó desbaratado apenas cerró su participación, que había sido celebrada con elogios hacia la figura del Ginés por su prestigio y por su responsabilidad en la campaña de lucha contra el coronavirus.

Mirá también

El peronismo del Senado cede también ante Olivos

La senadora Anabel Fernández Sagasti – lunga manu de Cristina – avisó que a) Alberto Yáñez – a cargo del poder Ejecutivo – se había comunicado con b) Cristina – que no es senadora – y le había instruido a c) ella – que no es autoridad del bloque, el jefe es Mayans, – que le comunicase d) a la bancada oficialista, que él quería que se aprobase el proyecto para pagar el tratamiento de la fibrosis quística, tal como la había aprobado Diputados. Pidió además que se tratase en la sesión de este jueves y que cualquier objeción la repararía él, como presidente, con un veto parcial. Caserio se allanó en el acto a la consigna: “Siempre hay una decisión superior, que es la del presidente”, flojo de convicciones sobre la división de poderes. El peronismo del Senado paga cualquier precio para quebrar el 1/3 de los votos de la oposición que el impiden el avance de proyectos estructurales. La firmeza de sus adversarios es la principal herida sobre Cristina, cuya misión en el terceto gobernante es hacer andar al Senado en el rumbo del gobierno, y no lo logra. Pierde ante sus socios Alberto y Massa, que mientras se acreditan avances en el tablero de resultados. El objetivo es político, no operativo, y basta con rendir a la oposición de Juntos por el Cambio en el terreno simbólico. El peronismo echó mano de un expediente que le ha servido en el pasado para hacer músculo: apropiarse de iniciativas del no peronismo, y hacerlas avanzar para desgastar las convicciones de sus contradictores. Ocurrió en el anterior ciclo del peronismo – 2003/2015 – cuando dio vuelta en su provecho varios proyectos que venían de la oposición radical, como la estatización de jubilaciones, YPF y aeropuertos, la ley de medios y otras que habían sido generadas por el no peronismo, y que esta fuerza exhibió después como logros propios. De paso, dividió a sus adversarios.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *