Cambio de paradigma por el coronavirus: Europa se endeuda unida para reconstruir la economía



El coronavirus cambió el paradigma. La Comisión Europea presentó este miércoles su plan anti-crisis, un potente mecanismo que sumaría 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 serían transferencias directas a fondo perdido y 250.000 préstamos muy baratos. El dinero no saldría de los gobiernos nacionales sino de una emisión de deuda histórica, por valor de 750.000 millones de euros, que haría la propia Comisión Europea. La avalaría con su presupuesto, que también serviría, hasta 2058, para ir pagando los vencimientos. No es la creación de un Tesoro europeo, pero está al borde.

El plan, bautizado como “Next Generation EU”, pretende además modernizar las economías europeas forzando a que los fondos se usen en inversiones muy concretas: eficiencia energética, digitalización o refuerzo de los sistemas sanitarios y de protección civil. Ese plan, unido a varios menores (240.00 millones disponibles para préstamos a Estados, 100.000 para pagar programas de desempleo temporal, 200.000 para préstamos muy baratos a empresas) debe ser la palanca que saque a los europeos de esta crisis.

Se completa con el escudo del Banco Central Europeo, que sólo este año gastará 1,1 billones en compras de deuda para mantener controlado el riesgo país. El propio BCE advirtió otra vez este miércoles: el bloque necesita todos sus recursos monetarios y fiscales para salir de la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Si en 2009, el peor año de la anterior crisis, el producto europeo cayó un 2,9%, este año puede caer entre un 8% y un 12%.

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Los europeos se plantean endeudarse unidos para reconstruir la economía europea, gracias en parte al giro de Angela Merkel. Sin ella hubiera sido imposible. El plan sería un estímulo formidable para Italia y España.

El plan deja atrás la ingeniería financiera para convertirse, en la práctica, en un aumento de los presupuestos de la Unión Europea. De los 1,1 billones de euros previstos para el período 2021-2027 se pasa a 1,85 billones. 900.000 millones se gastarán en los tres primeros años (2021, 2022 y 2023) y 950.000 millones en los otros cuatro, de 2024 a 2027.

Bruselas diseñó una forma de repartir los fondos que no sigue el tradicional reparto y que beneficia claramente a Italia y España, los dos países que más han sufrido la pandemia y que mayor impacto económico recibirán. De los 500.000 millones de transferencias, un 30% irá a Roma y Madrid. Italia, primer beneficiario, se hará con 81.800 millones de euros a fondo perdido. España tendrá 73.000 millones. Los siguientes grandes beneficiarios serían Francia (38.800 millones), Polonia (37.700), Alemania (28.800), Grecia (22.500) y Portugal (15.500).

El plan incluye importantes partidas de gasto para eficiencia energética que suman 91.000 millones de euros para subvencionar la renovación de edificios: aislamiento, sistemas renovables de calefacción o paneles solares. Ese dinero debería atraer inversiones privadas hasta 350.000 millones de euros. La prioridad la tendrán las escuelas, hospitales y viviendas sociales.

Habrá además 25.000 millones de euros en inversiones en 2021 y 2022 para financiar generación de energías renovables de una potencia de 15 gigavatios. Y otros 10.000 millones en préstamos para apoyar proyectos de renovables. 20.000 millones para fomentar el despliegue de vehículos “verdes” y la creación, de aquí a 2025, de dos millones de puestos de recarga de vehículos eléctricos y de hidrógeno. Las inversiones en trenes que no generen emisiones contaminantes llegarán a un mínimo de 40.000 millones de euros.

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El fondo incluiría una partida específica para invertir en los sistemas sanitarios centrado en reforzar la capacidad de respuesta a crisis y pandemias, la prevención de enfermedades y la vigilancia epidemiológica. También partidas para reforzar los sistemas de protección civil. Habría 9.400 millones de euros para evitar que en el futuro haya falta de medicamentos o de material sanitario de primera necesidad.

El plan incluye la creación de tasas europeas de suficiente envergadura como para que lo que generen sirva para ir pagando los intereses de la emisión de deuda. Entre ellas una tasa carbono a las importaciones de productos contaminantes y otra a los gigantes digitales. Bruselas calcula que el coste de la emisión de deuda (pago de intereses y gestión) será de algo menos de 2.500 millones de euros al año, que se pagarán con fondos del presupuesto comunitario.

El plan debe ser aprobado por los 27 gobiernos nacionales y por el Parlamento Europeo. La mayoría de eurodiputados parecía ayer satisfecha, como la mayoría de los gobiernos, incluyendo al alemán, que ha dado un giro de 180 grados a su estrategia económica para Europa. Finlandia y Dinamarca, reticentes, parecen ir cediendo. Se necesita unanimidad pero nadie olvida que entre los tres suman sólo el 12% del PIB de la UE y el 8% de su población.

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El fondo transferirá más dinero a los países del sur que a los del norte pero a la vez servirá para salvar el mercado común europeo, que beneficia más a los del norte. Los ministros de Finanzas discutirán el plan durante las próximas dos semanas. El 19 de junio se celebrará una cumbre europea (podría ser presencial, ‘la cumbre de los barbijos’), que buscaría sellar el acuerdo.

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