Cambio de hábito en cuarentena: se escucha menos música fuerte y más sonidos relajantes



La forma en la que habitualmente se consume música -una práctica relacionada con el mapa emocional de las personas- también se vio afectada durante esta cuarentena. Si antes de la pandemia era frecuente combinar ritmos fuertes (rock, trap, hip-hop) para mantener un estado de alerta, ahora la motivación es otra. En las principales plataformas de música online detectaron que muchos usuarios, dependiendo si están solos o en familia, buscan estructuras que armonicen con su estado anímico. Desde algo más instrumental para los momentos de concentración, a los himnos colectivos para cantar a coro. 

Los expertos en terapia musical sostienen que las bases electrónicas están asociadas con urgencias o amenazas (trabajo, obligación, tránsito), mientras que una cadencia acústica evolutivamente está enlazada a sonidos producidos por la naturaleza que, en el contexto de aislamiento, evocan la calidez hogareña.

“El fenómeno musical está anclado en la constitución subjetiva desde el momento previo al nacimiento. Desde la vida intrauterina el ser humano recibe el ritmo del pulsar cardíaco de la madre, los movimientos intestinales y la voz. Estos sonidos se van filtrando a través de los tejidos que cubren la bolsa de contención del feto. Por eso, el lugar de la música es central y a medida que uno va creciendo, se articula con el universo simbólico del sujeto como una de las vías de expresión”, indica Jorge Catelli, investigador y profesor de psicología en la UBA y miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Está comprobado que la música produce cambios fisiológicos en nuestro sistema sensorial y está estrechamente ligada con el sistema límbico, con las emociones y la memoria episódica.

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“La música es como un espejo en donde se refleja cómo impactó en cada persona la cuarentena y que elecciones o cambios de rutinas tuvieron que adaptarse. Y si bien algunos se conectan con algo más instrumental o melódico, otros sienten la necesidad de bailar, ya que este aislamiento empezó a generar un flujo distinto en la propia casa”, señala Laura Spaccarotella, psicóloga especializada en Health Coach.

Los jóvenes -tanto de la generación Z como los millennials- son quienes más padecen el aislamiento. “Eso explica por qué el 19% de la ‘generación Z’ recurre a los audiolibros para dormir y el 24% escucha música para combatir la soledad. Las personas de entre 45 y 54 años parecen estar lidiando mejor con el encierro y utilizan la música principalmente para relajarse (59%)”, indican desde la plataforma de música Deezer.

Según un estudio hecho por la plataforma, tres de cada cuatro usuarios escuchan música para levantar su estado de ánimo. Casi la mitad oye audiolibros para mantenerse positivo y un tercio apuesta a los podcasts como una herramienta para hacer cambios positivos en su vida. 

Al escuchar música, el cuerpo produce respuestas químicas relacionados con el bienestar, como la oxitocina y la dopamina. En estos tiempos de aislamiento obligatorio y coronavirus​, la música es un recurso fantástico para reducir la curva de la incertidumbre o la angustia.

La música funciona como un medio de contención en plena pandemia de coronavirus, (AFP)

“Las tendencias declaran también que los usuarios están centrados en su superación personal y en aquietar su mood para pasar el estado chill. Podcasts y playlists relacionadas al bienestar y la meditación están siendo creadas, seguidas y escuchadas en mayor cantidad que meses pasados. Las canciones más populares tienden a sonidos ‘relajantes’, lo que significa que son más instrumentales, menos bailables y tienen menos energía que las canciones agregadas antes de la pandemia”, explican de Spotify.

Este descenso energético condujo a prácticas asociados hasta ahora a los domingos o feriados, con una mayor amplitud de géneros en la selección, para compartir con el resto de los integrantes y un predominio de lo melódico.

“Hay muchos estudios de musicoterapia que dan cuenta sobre la influencia que tienen determinados sonidos y escalas musicales en los estados anímicos del sujeto. Dependiendo del modo que para esa persona se desarrolla el lazo singular con ese tipo de melodía, componen en principios, sensaciones de mayor angustia, tienden a bajar el metabolismo y generan estado que se parece más a lo que conocemos como depresión o melancolía”, ilustra Catelli.

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El contenido de bienestar que se centra en la relajación (el ahora bautizado mindfulness) y la superación personal constituyen un buen antídoto contra la opresión del aislamiento. Pero el espectro de la música es todavía más amplio.

“A través del canto uno expresa emociones distintas, cuestiones que puede estar pasando, ya que es más fácil de compartir. En los últimos días, he visto muchos videos de Instagram en dónde la gente canta y lo publica. Me ha tocado ver muchos colegios que realizan videos corales con fotos de las familias, los profesores y los maestros. La música es fundamental para dinamizar vínculos y promover la esperanza de un reencuentro”, argumenta Spaccarotella.

Este cambio de hábitos, también impuso nuevas prácticas. “Hemos visto un aumento de más del 40% en los oyentes de todo el mundo que crean playlists para limpiar sus casas cantando a todo pulmón con canciones como Tusa de KAROL G y Nicki Minaj, que se transformó en una elección popular para Argentina, ocupando lugar en 577 playlists y siendo por tanto la más elegida para este fin”, señalan de Spotify.

En una época en la cual muchos se enfrentan a un mayor grado de angustia, la música con sus elementos de familiaridad brinda serenidad y contención emocional.

“Nadie es inmune a la depresión y la soledad. La buena noticia es que el audio puede proporcionar algo de alivio cuando más lo necesitamos. Es por eso que seleccionamos ‘playlists’ y canales dedicados para nuestros usuarios. Después de todo, estamos juntos en esto”, agregó Alexander Holland, de Deezer.

Las elecciones personales de temas para escuchar cambiaron a partir de la cuarentena.

“Hay ciertos términos que, por ejemplo, si miramos las tendencias de búsqueda dentro de la plataforma vemos que hubo picos en los últimos 30 o 90 días, que tienen que ver con el inicio de la cuarentena. Cocinar, gimnasia en casa, hacer videollamadas, conciertos en vivo, curso de inglés, fueron términos que se dispararon en popularidad, en línea con la necesidad de quedarse en casa y buscar diferentes maneras de hacer actividades y entretenerse” indican desde YouTube!

Los sonidos sin información selectiva quedaron categorizados como “ruidos”. En cambio, están aquellos que transmitían información emocional. Porque la música es considerada también una forma de comunicación.

“En tiempos de coronavirus la gente empezó a asomarse a las ventanas al cantar himnos, que son marchas de índole triunfal que relatan victorias, epopeyas y que están escritas en tonos mayores. La música, acompaña a la gente y se articula con el lazo social porque está hecha colectivamente y permite compartir penas, angustias, esperanzas y establecer una expectativa y compartir con el otro lo que estamos viviendo”, advierte Catelli.

DD

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