Bandera, “Aurora” y guiso de lentejas: un día en el centro del Ejército en La Matanza que alimenta a 1.500 personas



Hay un aplauso que no se escucha en todos los barrios en esta cuarentena por el coronavirus​. Es el que propician los vecinos del partido de La Matanza cuando llegan los camiones con soldados, arrastrando una cocina de campaña para repartir platos de comida caliente.

Es una escena poco corriente de ver en el conurbano bonaerense. Cabe la pregunta entonces, ¿cómo es que los militares llegaron a Ciudad Evita? Clarín acompañó durante un día al equipo las Fuerzas Armadas​ en tareas de apoyo a la comunidad y protección civil en el marco de la pandemia en Puerta de Hierro.

Así las cosas, “el despliegue que hoy realiza el Ejército en apoyo a la comunidad es el más grande que se ha hecho desde el conflicto de Malvinas”, asegura el mayor Néstor Núñez.

Uno de los soldados, en plena tarea. (Gisela Suárez Mermoz)

“Hoy el Ejército Argentino está desplegado a lo largo y ancho del país y utiliza la mayoría de sus unidades”, dice Núñez. Y explica que además de la distribución de comida en todo el territorio, en el Norte por ejemplo proveen agua potable en Salta y en el Sur proporcionan leña para cocinar y calefaccionarse, como en Rio Negro y Neuquén.

En lo que respecta al conurbano bonaerense, el punto de mayor distribución de alimentos se da en La Matanza, con alrededor de 42.000 raciones diarias, que se cocinan en colegios, comedores, clubes sociales y lugares estratégicamente seleccionados.

Uno de ellos es el Polideportivo San José, a cargo del padre “Tano” en el Barrio Puerta de Hierro, en Ciudad Evita. Allí, el capitán Mariano Campero es el militar responsable: tiene 41 años y nació en Añatuya, provincia de Santiago del Estero. En este centro, ocho soldados se encargan de preparar la comida y los otros ocho, de distribuirla.

El día comienza izando la bandera. (Gisela Suárez Mermoz)

A pesar del riesgo de contagio, todos quieren salir a repartirla. “La gente reconoce nuestro esfuerzo y cuando llegamos nos aplauden”, relata Campero. Y cuenta que en Puerta de Hierro hay un nene que les entrega dibujos. Para el 25 de mayo les hizo el Cabildo. Desde las ventanas de un monoblock cercano exhiben carteles con la palabra “Gracias”. “El cariño que nos brindan nos llena de energía”, dice este capitán con ojos achinados por la sonrisa que se adivina tras su barbijo.

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Desde aquí, 1.500 raciones de comida caliente se reparten diariamente en tres barrios diferentes, 500 para cada uno. A las 11 en el barrio 22 de Enero, a las 14 en el barrio Puerta de Hierro y a las 17 en el barrio Villa Palito. “La gente es educada, agradecida y forma en fila con la debida distancia social”, cuentan los soldados.

La cocina es una Karcher alemana a gas o gasoil con capacidad para 500 raciones. Son cuatro menúes que van rotando. Y aseguran que no hay mucha diferencia entre cocinar para un soldado o para las personas de los barrios vulnerables. “Hoy, por ejemplo, hay guiso de lentejas, que lleva morrón, cebolla, zapallo, papa, zanahoria, panceta, carne y lentejas”, describe el sargento cocinero Alejandro Leszkiewicz. “Las otras preparaciones son guiso de arroz, guiso de fideos y polenta”, agrega. Una vez lista la comida, la sirven con cucharones en los recipientes que cada persona trae: platos, ollas, fuentes o tuppers, evitando todo tipo de contacto. Solo una persona por familia retira la comida y el resto de los integrantes se quedan en sus casas.

Preparando la comida. Preparan 1.500 raciones diarias de comida caliente. (Gisela Suárez Mermoz)

En el polideportivo San José hay dos grandes carpas del Ejército. En una duermen algunos soldados y en la otra se guarda la comida. El nexo entre los militares y la gente para hacer la recorrida por los barrios vulnerables lo hace Miguel Ángel Rubio, mano derecha del padre “Tano”. Acá todos lo conocen por este apodo, pero el nombre que figura en su documento es Nicolás Angelotti. Tiene 34 años y forma parte de la cofradía de curas villeros alineados con la ideología del Papa Francisco. “Si uno revisa fotos de las misas que Bergoglio celebraba en la villa 1-11-14, puede ver que detrás del ahora Papa estaba el padre Tano”, recuerda Rubio.

“Las personas necesitan de las demás personas. Sabemos que solos no se salva nadie del coronavirus”, afirma Rubio mientras recorre con este diario las instalaciones del polideportivo transformado ahora en un centro de aislamiento. Y remata: “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

En los salones de usos múltiples, hay ahora un sinnúmero de camas listas para ser ocupadas por los contagiados con síntomas leves. En 2017, la municipalidad de la Matanza cedió estas tierras a pedido del padre Tano para construir el polideportivo. Por entonces, el predio era un gran basural pero pronto llegaron todo tipo de donaciones, incluso la de las canchitas de fútbol 5 que donaron la Brujita Verón, Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, y Boca Social entre otras instituciones y referentes deportivos.

El salón de usos múltiples del polideportivo, listas para ser usadas si las necesitan pacientes contagiados. (Gisela Suárez Mermoz)

Aquí las tareas empiezan bien temprano, con la salida del sol. Los soldados forman fila, cantan “Aurora” e izan la bandera, y cada uno comienza con sus tareas. Un poco más tarde, a eso de las 9, llegan los voluntarios. Son adictos en recuperación que están bajo la tutela del padre Tano y se encargan de cortar las verduras. Previo a eso, al llegar, todos son rociados para desinfección. El líquido utilizado es solución de agua y amonio cuaternario al 1%, un desinfectante de amplio espectro sobre virus y bacterias.

Una vez que la comida esta lista, se la traslada a las cocinas de campaña que son arrastradas por los camiones del Ejército. El vehículo se interna en el barrio con calles de barro y tierra. Los vecinos saludan desde sus casas precarias a los soldados.

Los soldados, preparando el reparto de comida a los vecinos. (Gisela Suárez Mermoz)

El vehículo camuflado da vuelta a la plaza y se estaciona frente a la iglesia. La gente ya está esperando en fila con sus ollas y tuppers. Comienza el reparto y la fila avanza con dignidad y educación. Clarín se aproxima a hablar con la gente. En su mayoría, obviamente están impedidos de trabajar, ya sea porque lo hacen en el servicio doméstico, porque tienen empleos informales o porque están incapacitados con alguna enfermedad.

-¿Qué tal la comida? –pregunta esta cronista.

-En la situación en que estamos todos no es para andar quejándose. Pero la verdad es que están buenísimas las lentejas –responde Gladys.

Todos los testimonios dirán más o menos los mismo. Los vecinos, a pesar del duro momento que están pasando, regalan sonrisas

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En el partido de La Matanza el Ejército lleva 72 días entregando comida caliente. Son ocho puntos de preparación y 24 de distribución con un total de 2,4 millones de raciones entregadas. Se extreman los cuidados en prevenir el contagio. Al cierre de esta nota había en este distrito alrededor de 1.000 contagiados, más de 160 recuperados y 27 fallecidos. “Por suerte no hemos tenido ningún infectado”, asegura el mayor Luis Lugo. Y cuenta que diariamente, al finalizar la tarea, se les toma la temperatura a todos los soldados, saturación de oxígeno con un oxímetro y signos vitales.

El equipo del Ejército en el barrio Puerta de Hierro. (Gisela Suárez Mermoz)

A los seis días de servicio en el lugar, se produce el relevo y los soldados regresan a Campo de Mayo. Allí pasan por un pasillo de desinfección donde se rocían los uniformes, equipos, vehículos y todo el material que regresa.

Por último, Clarín repregunta a Lugo, cuál es la mayor satisfacción de este trabajo. “Que con esta tarea podamos quitar la barrera y los prejuicios que existen entre un militar y un ciudadano civil. Pertenecemos todos a una misma sociedad. La única salvedad es que fuimos formados distintos”, concluye.

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