Así viven del turismo en una de las playas más lindas de Brasil, en medio de la pandemia



Con barbijo y alcohol en gel a mano, el conductor del buggy lleva a cuatro pasajeros brasileños hasta el centro de Porto de Galinhas para que suban a la jangada, la embarcación típica a vela de esta convocante playa del Nordeste de Brasil. El balsero -también con tapaboca- les toma la temperatura a los turistas, les pone alcohol en las manos y les entrega una máscara de snorkel desinfectada para que disfruten de la fauna marina en las piscinas naturales que se forman al bajar la marea. Cuando termina el paseo, toman cervezas en un bar sobre la arena y bajo una sombrilla.

En plena pandemia del coronavirus, estas actividades tienen como escenario uno de los destinos más famosos de sol y playa de Brasil, que es el tercer país con más contagios del mundo. Y es el lugar que hace dos años eligió para vivir la pareja de argentinos Claudia Díaz Ordoñez (36) y Ezequiel Favero (31), a quienes los llaman Clota y Fave.

¿Cómo se viven las vacaciones en un país con tantos casos de Covid-19? Por tratarse de un pueblo en el que el turismo es el principal ingreso y, al haber creado una guía turística online en español y portugués (www.vivoportodegalinhas.com) que reformularon durante la cuarentena, ellos cuentan cómo fue la reapertura gradual a partir de junio y cuáles son los protocolos implementados en la “nueva normalidad”.

Un cambio de vida

“Tenés que conocer Porto de Galinhas”, le dijo Clota a Fave en febrero de 2018, cuando decidían descansar dos semanas en la playa del Nordeste brasileño que ella había conocido un año antes y para ir a los carnavales de Recife (ella ya había ido a los de Río de Janeiro y Salvador, en Bahía). Para él, era su primer viaje a Brasil.

Apenas llegaron, medio en broma, medio en serio, empezaron a hablar sobre la posibilidad de ir a vivir allá. Apenas nueve meses más tarde, en noviembre de 2018, ya estaban instalados en el pueblo con su gata Kiki.

“El 13 de noviembre cumpliremos dos años viviendo en Porto, y el 19, tres años de novios. Empezamos vendiendo paseos y traslados, hasta que creamos la página web con información de confianza y le dimos impulso a las redes (Instagram, Youtube, Facebook, Pinterest, Tik Tok, siempre con el nombre Vivo Porto de Galinhas)”, resume Clota, que es de Zárate, vivió 5 años en España y trabajaba como productora de TV.

Clota Díaz y Ezequiel Favero son argentinos y viven en Porto de Galinhas, en el Nordeste de Brasil.

En cambio, Fave es de Olivos, vivió en San Martín de los Andes durante su adolescencia y tenía una fábrica de muebles de diseño. Según cuentan a Clarín, “alquilamos una casa cómoda, con tres habitaciones chicas porque acá se construye así. Estamos en la zona de las playas de Cupê”.

Cuarentena y reapertura gradual

Porto de Galinhas es un pueblo de playa en el municipio de Ipojuca, en el estado de Pernambuco. Con 17 kilómetros de costa, la villa tiene unos 4 mil habitantes, y es muy turística por las piscinas naturales que se forman en el mar cuando baja la marea.

Desde el aeropuerto internacional de Recife hasta el centro de Porto de Galinhas son 50 kilómetros. En esa dirección, las playas son Muro Alto, Pontal de Cupê (con piscinas naturales), Cupê, Merepe, centro de Porto (con piscinas), Maracaipe y Pontal de Maracaipe (con piscinas). Desde Muro Alto hasta el centro son 13 km.

Las piscinas naturales se forman cuando bajan las mareas. Foto: Vivo Porto de Galinhas

“Desde que empezamos a escuchar acerca de la pandemia de coronavirus hasta que empezó la cuarentena pasó menos de una semana. Las playas y tiendas cerraron el 20 de marzo. Justo habían venido dos amigas argentinas a visitarnos y adelantaron el regreso: se fueron el 18 de marzo y ¡volaron dos días! Tenían un vuelo directo Recife-Ezeiza, pero terminaron haciendo escalas en Fortaleza, San Pablo y Chile antes de llegar a Buenos Aires el 20”, recuerda Clota.

Entonces explica que el turismo interno se fue reactivando gradualmente: “El 20 de junio reabrieron las playas de 4 de la madrugada a 12 del mediodía. La primera etapa -que se extendió por tres semanas- era para tomar un baño y practicar deportes individuales. Estaba prohibido ir con sombrilla, reposera o heladeritas”.

“A su vez -agrega-, el 20 de julio comenzó la apertura gradual de los bares y restaurantes, con la capacidad al 50% y horario reducido hasta las 18. Era obligatorio el uso de barbijo y alcohol en gel”.

Alcohol en gel en las playas. Foto: Vivo Porto de Galinhas

Con respecto a las demás actividades, Clota y Fave precisan que “el 4 de julio volvieron los paseos en buggy y el 31 de julio empezaron a abrir los hoteles grandes, como el Village, el Vivà, Kembali, Armaçäo, Solar, Marulhos Resort… Para esa fecha ya estábamos en la segunda etapa de la apertura gradual de la playa, con el horario extendido de 4 de la madrugada a 16, todavía con prohibición de sombrilla, heladerita y reposeras. Y volvían los paseos en jangadas”.

El 10 de agosto se amplió el horario de los bares y restaurantes. Y con la reapertura de las barracas en la playa el 1 de septiembre, volvieron también los carritos de los vendedores de vestidos, de tragos, de alquiler de máscaras de snorkel y kayaks, entre otros rubros.

“Es muy contrastante la situación en Porto comparado con lo que está pasando en las provincias argentinas, que tienen restricciones. Por ahora, el turismo que llega es brasileño, de ciudades y pueblos vecinos por vía terrestre, y en vuelos de cabotaje”, afirma Clota.

Las playas tuvieron una reapertura gradual. Foto: Vivo Porto de Galinhas

A continuación, cómo se llevan adelante los protocolos en seis rubros turísticos clave de Porto de Galinhas.

1) Jangada con snorkel

Fue una de las últimas actividades en reanudarse, al punto que algún jangadeiro (en portugués, balsero) escribió meses atrás sobre la vela de su nave: “Queremos trabajar”. Cuando volvieron a organizarse los paseos, redujeron de seis a cuatro la cantidad de pasajeros por cada jangada, mientras que el número de embarcaciones que salen por día bajó de 84 a 20 por cierta merma en la demanda pero, sobre todo, para que se respete el distanciamiento.

Luego de desinfectar los asientos de madera, los jangadeiros (siempre con barbijo) les entregan a los turistas máscaras de snorkel lavadas con alcohol y sanitizante (lo ideal es que cada uno lleve su equipo), les toman la temperatura y les higienizan las manos antes de subir.

Los turistas deben usar tapabocas todo el tiempo, excepto en el momento del snorkel. Y tienen que mantener la distancia social.

El paseo dura 1 hora 30 minutos y cuesta 30 reales por persona (1 dólar equivale a 5,60 reales aproximadamente). Hay jangadas en las piscinas naturales que se forman en el centro de Porto de Galinhas cuando baja la marea, en Pontal de Maracaipe y la navegación por el río donde hay hipocampos o caballitos de mar entre los manglares. Un paseo a tres piscinas céntricas, con fotógrafo, sale 60 reales (casi US$ 10).

La jangada, típica embarcación para los paseos a las piscinas naturales. Foto: Vivo Porto de Galinhas

2) Kayak y Stand Up Paddle 

En las playas de Muro Alto, Pontal de Cupe y el centro de Porto se practica kayak y stand up paddle. Entre turista y turista, los guías desinfectan con un pulverizador tanto los asientos -en el caso de los kayaks- como los remos, los chalecos salvavidas y las máscaras de snorkel.

A su vez, en la playa, las máscaras comunes se alquilan por 10 reales (US$ 1,7); y las que cubren toda la cara, 15 reales (US$ 2,6). Las limpian con alcohol 70% y las envuelven con papel film.

Si se alquila un kayak por media hora, 40 reales; la tabla de Stand up paddle, 30 reales (US$ 5,35). Al contratar los dos servicios se puede negociar una rebaja.

Porto de Galinhas tiene 17 kilómetros de costa. Foto: Vivo Porto de Galinhas

3) Bar de playa o “barraca”

Algunas barracas son más improvisadas que otras, mientras que los paradores de Pontal de Cupe y Muro Alto les toman la temperatura a los clientes e instalaron piletas para lavarse las manos y dispensers de alcohol en gel.

En todos los bares de playa los mozos llevan barbijo y tienen más cuidado al servir la comida, además de ofrecer alcohol en gel en las mesas. Pero en algunos no hay demasiado distanciamiento, y los fiscales de playa van verificando cómo se trabaja.

Algunas barracas ofrecen sombrilla, mesa y 4 sillas, pero con la condición de consumir un plato. Se puede comer pescado frito por 29 reales, y para tomar una gaseosa o lata de cerveza, desde 4,90 reales (menos de un dólar). Solamente el alquiler de sombrilla, reposera y mesa para 4 personas, 40 reales (US$ 7).

El pueblo se encuentra a 50 km del aeropuerto internacional de Recife. Foto: Vivo Porto de Galinhas

4) Paseos en buggy

El “buguero” usa barbijo y tiene alcohol en gel, pero los pasajeros no tienen obligación de usar tapabocas. Algún que otro chofer colocó un separador de acrílico entre su asiento y el del acompañante. Cada auto lleva 4 pasajeros, de los cuales 3 van atrás.

El recorrido parte del hospedaje de los turistas y siempre es similar, aunque varía el tiempo de permanencia en cada playa. Además, se puede combinar con algunas de las opciones de jangada. El paseo en buggy de 2 horas cuesta 200 reales US$ 35); de 4 horas, 250 reales; de 6 horas, 300 reales (US$ 53,5).

Protocolos en las posadas. Foto Vivo Porto de Galinhas

5) Hospedajes

Las posadas están trabajando al 50% de la capacidad y funcionan con protocolos, como el distanciamiento social (por ejemplo, tienen señalización en el suelo y acrílico en la recepción), el personal y los huéspedes tienen que usar barbijo en las áreas comunes, hay alcohol en gel, y el check-in es online.

En los hoteles más grandes se suspendieron los servicios de botones y desarrollaron apps para pedir las comidas, evitando todo contacto.

El desayuno buffet fue reemplazado por el room service, es decir, el desayuno es a la carta y en la habitación.

En el centro comercial no se mantienen las distancias. Foto: Vivo Porto de Galinhas

6) Negocios del centro

Con límite de personas en los locales, distancia en las cajas para pagar y barbijos. Así funcionan los negocios del centro comercial de Porto de Galinhas, al igual que en los mercados y farmacias.

Los souvenirs del lugar siempre tienen las típicas gallinitas, ya sea en imanes de heladera, llaveros, repasadores, remeras o adornos.

El 20 de marzo de 2020 cerraron las playas y negocios en Porto de Galinhas, Brasil, por la pandemia de Covid-19. Foto: Vivo Porto de Galinhas

En el shopping de Cabo de Santo Agostinho, les toman la temperatura a los clientes y el suelo está marcado para que la gente camine en una sola dirección. Las tiendas de ropa tienen los probadores cerrados.

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