Angela Merkel: “Alemania debe realizar un extraordinario acto de solidaridad”



La canciller de Alemania, Angela Merkel,​ considera que, aunque en graves situaciones anteriores como la crisis financiera o la cuestión migratoria ya se ha visto que “Europa aún no está suficientemente preparada para soportar crisis”, ante el desafío sin precedentes de la pandemia del coronavirus, “todos los Estados miembros tenemos un interés genuino en mantener un mercado único europeo fuerte y en presentarnos en el mundo como un bloque”.

En vísperas de que Alemania asuma el próximo 1 de julio la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea (UE), Merkel recibió en la Cancillería en Berlín a periodistas del grupo de prensa Europa, del que La Vanguardia forma parte. En esta entrevista conjunta, la canciller responde de modo exhaustivo a preguntas sobre política europea y mundial.

En concreto, y abundando en el impacto del coronavirus en los países europeos, Angela Merkel defendió el viraje alemán hacia un plan de apoyo financiero de la UE formado tanto por créditos como por transferencias directas. “En este contexto, es preciso que Alemania no solo piense en sí misma, sino que esté dispuesta a realizar un extraordinario acto de solidaridad”, afirmó la canciller.

El grupo Europa al que Merkel concedió esta entrevista, formado por seis cabeceras de referencia de la prensa europea, busca profundizar en los retos y perspectivas de la UE. Forman parte de esta iniciativa periodística, además de La Vanguardia, los diarios The Guardian (Reino Unido), Le Monde (Francia), Polityka (Polonia), La Stampa (Italia) y Süddeutsche Zeitung (Alemania), con una difusión de más de un millón y medio de ejemplares impresos y millones de lectores en sus audiencias digitales.

-Alemania asume la Presidencia en medio de una crisis sin precedentes. Las expectativas son enormes. Berlín debe enderezar la situación. ¿Está usted inquieta?

-La primera Presidencia del Consejo desde que estoy al frente de la Cancillería Federal fue en 2007. En Francia y Países Bajos había fracasado el Tratado Constitucional europeo y nos habíamos propuesto diseñar un nuevo tratado. Y lo logramos. Luego vinieron la crisis financiera internacional, las turbulencias del euro y la cuestión migratoria, por lo que siempre ha habido períodos de tensión. Y una y otra vez se ha constatado que Europa aún no está suficientemente preparada para soportar crisis. En la crisis del euro nos faltaron los instrumentos para ofrecer una respuesta adecuada. Durante los flujos de refugiados de 2015 se pusieron de manifiesto las deficiencias del sistema de asilo de la UE. Ahora la pandemia de coronavirus nos sitúa ante un desafío de dimensiones sin precedentes. La pandemia nos ha llegado a todos sin culpa por nuestra parte. Por un lado, nos desvía de un desarrollo económico positivo en todos los Estados miembros de la Unión Europea. Y, por otro lado, va acompañada de los dos principales fenómenos disruptivos de nuestro tiempo, el cambio climático y la digitalización, que ya de por sí transforman nuestra vida y nuestra economía. Estoy muy concentrada en todas estas cuestiones.

la pandemia de coronavirus nos sitúa ante un desafío de dimensiones sin precedentes.“

-Con respecto a la densidad de la crisis, ¿se trata en última instancia de la pervivencia de la UE?

-No deberíamos plantearnos demasiado a menudo preguntas existenciales, sino dedicarnos a hacer nuestro trabajo. Todos los Estados miembros tenemos un interés genuino en mantener un mercado único europeo fuerte y en presentarnos en el mundo como un bloque. Estoy convencida de que, ante una situación tan extraordinaria como la que estamos viviendo, los Estados miembros tienen gran interés en los aspectos que poseemos en común.

-Ahora la crisis no solo afecta a Europa, el mundo entero está luchando contra la pandemia y los demonios políticos.

-Así es, y es cierto que en estos momentos el tono se ha endurecido a escala internacional. Tras la crisis financiera de 2008 llegó la hora del multilateralismo. Fue entonces cuando se inició el G-20 a nivel de jefes de Estado y de gobierno, y los países dieron una respuesta muy unida. Ahora no ocurre lo mismo. Ahora debemos poner todo nuestro empeño en no caer en el proteccionismo. Si Europa quiere que se la escuche, debe dar buen ejemplo. Cuento con ello, aunque soy consciente de que las negociaciones van a ser difíciles.

Ahora debemos poner todo nuestro empeño en no caer en el proteccionismo.“

-Usted ha correspondido en gran medida a los países del sur con su propuesta de un fondo de recuperación. ¿Qué esfuerzos de reforma espera a cambio?

-No me parece correcto hablar de los países del norte, los países del sur y los europeos del Este. No todo es blanco y negro. Espero que todos y cada uno de nosotros en algún momento nos pongamos en el lugar del otro y observemos los problemas desde esa perspectiva. Por norma general, los recursos del fondo servirán para ayudar, para ser solidarios y ver que los países se han visto afectados por la pandemia en diferente medida. Y aunque aportemos, por poner un ejemplo, un 1 por ciento del producto interior bruto de la UE, se trata tan solo de un 1 por ciento. Siguen quedando muchas otras prestaciones que deben proporcionar los propios Estados. La fórmula del éxito consiste, así pues, en que todos gestionemos bien la economía de nuestros países al tiempo que mejoramos la convergencia en la UE.

-El dinero genera codicia e incita a disputas sobre su reparto.

-Debido al diferente impacto que ha tenido la pandemia, el reparto debe seguir un código distinto al empleado en el presupuesto europeo normal. Confío en que este argumento resulte convincente. Este desafío especial requiere una vía especial. A aquellos países que ya tienen un elevado endeudamiento los créditos adicionales les resultan menos oportunos que las subvenciones. Estoy trabajando para convencer también a los países que hasta la fecha están a favor de los créditos pero rechazan las subvenciones.

-El grupo de los llamados “frugales” sigue un planteamiento defensivo. ¿Por qué ha abandonado Alemania el grupo de los prudentes?

-La pandemia de coronavirus significa para Italia y España, por ejemplo, una enorme carga, desde el punto de vista económico, sanitario y por supuesto también emocional, debido al elevado número de víctimas mortales. En este contexto es preciso que Alemania no solo piense en sí misma, sino que esté dispuesta a realizar un extraordinario acto de solidaridad. Con este espíritu hemos hecho el presidente francés Emmanuel Macron​ y yo nuestra propuesta.

-Para Alemania, mayor endeudamiento supone un cambio de rumbo. ¿Qué ha sido de la canciller de la austeridad?

-En una crisis como la actual se espera que cada uno de nosotros hagamos lo que sea necesario. Lo necesario en este caso es algo extraordinario. Alemania contaba con un índice de endeudamiento bajo y puede permitirse un mayor endeudamiento en esta situación extraordinaria. Al mismo tiempo, para nosotros es muy importante que mantengamos el programa en consonancia con los Tratados europeos. Hemos dado con ese camino. Y en este contexto por supuesto actuamos también en nuestro propio interés. Redunda en interés alemán que tengamos un mercado único fuerte, que la Unión Europea vaya convergiendo y no se desintegre. Lo que es bueno para Europa ha sido y es bueno para nosotros.

-El Fondo de Recuperación ha creado una armonía singular. ¿Tras el dinero se ocultan los verdaderos problemas, el creciente nacionalismo y el populismo latente?

-El Fondo de Recuperación no puede resolver todos los problemas de Europa. No tenerlo, sin embargo, agravaría todos los problemas. La situación económica en Europa tiene muy diversas implicaciones: una muy elevada tasa de desempleo en un país puede desarrollar una fuerza explosiva política en dicho país. Los riesgos para la democracia serían por tanto mayores. Para que Europa pueda existir, también tiene que subsistir su economía.

-¿Puede el Fondo de Recuperación provocar una dinámica hacia unos Estados Unidos de Europa?

-Para mí, el Fondo es una respuesta especial a una situación especial. Si queremos hacer un cambio sustancial en la gestión presupuestaria de la Unión Europea, o si la queremos dotar, por ejemplo, del derecho a crear impuestos, tendríamos que modificar los Tratados. De este modo se modificaría el equilibrio estático entre competencia y control. Sobre este aspecto seguramente se mantendrán debates durante los próximos años, pero deberían producirse con prudencia. En la situación actual, no obstante, no podríamos esperar a que se introdujera un cambio en los Tratados, sino que tenemos que responder con rapidez a la pandemia.

-Usted es la última jefa de gobierno de la generación del 89. Ha vivido el bloque oriental y la unificación europea. ¿No se está yendo Europa a la deriva a pesar de los esfuerzos realizados durante la pandemia? ¿Encuentran los dirigentes jóvenes un lenguaje común?

-El Primer Ministro húngaro Orbán también estaba activo en la política ya en 1989. Por aquel entonces, primero se impuso el orden de la democracia liberal frente a la dictadura del socialismo y el comunismo. Pero esa solo era parte de la verdad. Estallaron conflictos en los Balcanes Occidentales y más tarde en el mundo islámico. China ha ascendido hasta convertirse en una gran potencia económica. Precisamente el ejemplo de China muestra que incluso un país no democrático puede ser próspero a nivel económico, lo que nos plantea un reto importante a las democracias liberales. Luego le siguió el desafío representado por el terrorismo islamista, en particular el 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos. A ello se sumó la decepción tras la “primavera árabe”. Por lo que hasta la fecha tampoco tenemos la prueba concluyente de que el sistema liberal continúe en un avance triunfal. Eso me preocupa.

-¿No ha recogido Europa los frutos de sus revoluciones?

-Sí y no. Por un lado, hemos vivido una increíble historia de éxito desde 1989 pero, por otro lado, con la euforia no se han reconocido suficientemente las huellas a largo plazo que han dejado las dictaduras en los 40 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Después del nacionalsocialismo y de la Segunda Guerra Mundial, en muchos países de Europa del Este se enlazó con una segunda dictadura. Los países del bloque oriental apenas dispusieron de unos pocos años para formar su propia identidad nacional. Por lo que tardaron en producirse procesos que en los países occidentales ya se habían podido vivir mucho antes. Muchos de los últimos países candidatos a la UE, por un lado, comparten el entusiasmo por la obra de paz que es la Unión Europea pero, por otro lado, se muestran escépticos con respecto a Europa. Tenemos que desarrollar comprensión a este respecto. Considero que mi tarea consiste en trabajar en pro de una Europa autónoma, liberal y caracterizada por los derechos fundamentales del individuo.

-La diferente experiencia histórica que hay en todas las uniones, pero ¿dónde pone usted el límite cuando se viola el Estado de Derecho?

-Sin duda abordaremos cuestiones relacionadas con el Estado de Derecho. Una característica de la democracia es que toda oposición debe tener una oportunidad justa de en algún momento ascender al gobierno. La oposición debe tener concedidos unos derechos muy claros: comenzando por unos tiempos de intervención adecuados en los parlamentos, con al menos los mismos tiempos de emisión en el servicio público de radiodifusión, hasta una justicia independiente y el cumplimiento de normas democráticas.

-La Presidencia del consejo de la UE quería encontrar una línea común para las relaciones con China. ¿Sigue siendo un objetivo realista?

-Debido a la pandemia, no podemos celebrar la Cumbre con China que estaba prevista para septiembre. Pero queremos reunirnos más adelante. La reunión servirá para impulsar las relaciones de la UE con China. Compartimos intereses, por ejemplo en la cooperación en materia de protección del clima. Hace tiempo que venimos negociando un acuerdo sobre inversiones, pero no acabamos de cerrarlo. Deberíamos mantener un intercambio de pareceres sobre nuestra política de desarrollo en África, donde China, en algunas cuestiones, sigue otros caminos. Por otro lado, la cumbre nos obliga a desarrollar una posición europea unificada con respecto a China. Pero no es tan fácil. Deberíamos definir una política que refleje nuestros intereses y valores, puesto que el respeto de los derechos humanos, el Estado de Derecho y nuestras preocupaciones por el futuro de Hong Kong se interponen entre China y nosotros y se especifican con claridad.

-¿Cuestiona China la estructura democrática occidental de Europa?

-De entrada deberíamos poner todo nuestro empeño en mejorar nuestra resistencia. Debemos permanecer unidos como europeos, de lo contrario nos debilitaremos a nosotros mismos. China ha desarrollado aspiraciones mundiales. Este hecho nos convierte tanto en socios en materia de cooperación económica o en la lucha contra el cambio climático, como también en competidores con sistemas políticos completamente distintos. No hablar entre nosotros sería en cualquier caso una mala idea.

-Hasta finales de año queda por resolver un Brexit​ no regulado. ¿Supondría para usted una derrota personal?

-No. Por supuesto que redundaría en interés de Gran Bretaña y de todos los Estados miembros de la Unión Europea que se consiguiera una salida negociada. Pero para ello es necesario que las dos partes así lo quieran. No interesan nuestros deseos, sino única y exclusivamente la realidad, es decir, de entrada lo que quiera Gran Bretaña. Con el primer ministro Boris Johnson​, el gobierno británico quiere definir por su cuenta en qué posición se encuentran con respecto a nosotros una vez que se produzca la salida del país. Naturalmente tendrá que vivir con las consecuencias, es decir, con una economía menos estrechamente vinculada. Si Gran Bretaña no quiere tener ninguna norma comparable con la UE en materia de medio ambiente, mercado laboral o normas sociales, entonces nuestras relaciones dejarán de ser tan intensas. Entonces será su deseo que las normas no se desarrollen en paralelo. Debemos dejar atrás el pensamiento de que somos nosotros los que definimos qué debería querer Gran Bretaña. Gran Bretaña define y nosotros como UE de los 27 damos la respuesta adecuada.

-También Estados Unidos se distancia de Europa a gran velocidad. El presidente Donald Trump​ critica a Alemania y se propone retirar soldados. ¿Le impresiona esta amenaza?

-Creemos que la alianza es muy importante para todos los Estados miembros. En Alemania sabemos que tenemos que gastar más en defensa, por lo que en los últimos años hemos logrado notables incrementos y seguiremos en esa línea respecto a nuestras capacidades militares. Las tropas estadounidenses en Alemania sirven tanto para proteger a Alemania y a la parte europea de la OTAN como para defender los intereses de los Estados Unidos de América.

-¿Ha llegado la hora de una autonomía estratégica de la UE y una soberanía europea real?

-Mire hacia el mundo, mire hacia China o la India. Existen sobradas razones por las que continuar apostando por una alianza transatlántica de defensa y por el escudo protector nuclear común. Pero por supuesto que Europa tiene que aportar más que en la Guerra Fría. Hemos crecido convencidos de que Estados Unidos quiere ser una potencia mundial. Pero si ahora quisiera dejar ese papel por voluntad propia, tendríamos que replantearnos muchas cosas.

-Particularmente en Europa del Este se percibe con fuerza la amenaza proveniente de Rusia. ¿Subestima Alemania este peligro?

-Sabemos de campañas de desinformación; los medios de la llamada “guerra híbrida” forman parte del arsenal de Rusia… Por otro lado hay buenas razones por las que no dejar de entablar un diálogo constructivo con Rusia. En Siria o el Líbano, países en la vecindad inmediata de Europa, la influencia estratégica de Rusia es enorme. Por tal motivo sigo realizando esfuerzos en aras de una cooperación.

Por María-Paz López, desde Berlín

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