Alejarse de China o afianzar el vínculo, un dilema que desvela a gobiernos y empresas



Por DAMIEN CAVE, MOTOKO RICH y JACK EWING

A medida que la pandemia de coronavirus amplifica las preocupaciones de larga data sobre la dependencia económica del mundo de China, muchos países están tratando de reducir su exposición a la “marca” Beijing.

Japón ha reservado 2.200 millones de dólares para ayudar a las empresas a sacar su producción de China. Los ministros de comercio europeos hacen hincapié en la necesidad de diversificar las cadenas de suministro.

Varios países, entre ellos Australia y Alemania, han tomado medidas para evitar que China, entre otros, compre empresas debilitadas por los cierres. Los halcones del gobierno de Trump también siguen presionando para que se produzca una “desvinculación” económica de Beijing.

Pero fuera de los círculos gubernamentales, en las empresas donde se toman las decisiones sobre la fabricación y las ventas, los cálculos son más complejos.

China es un hábito con el que resultar difícil romper.

Mirá también

Incluso después de que el mal manejo del coronavirus interrumpiera la capacidad del país para fabricar y comprar los productos del mundo, exponiendo aún más las fallas de su sistema autoritario y llevándolo a intensificar su guerra de propaganda, el poder económico de China la convierte en la última esperanza para evitar una prolongada recesión mundial.

“Cuando todo esto comenzó, pensamos: ¿A dónde más podemos ir?” dijo Fedele Camarda, un pescador de langosta de tercera generación en Australia occidental, que envía la mayor parte de su captura a China. “Entonces el resto del mundo también se vio comprometido por el coronavirus, y China es la que se está recuperando. Aunque son un solo mercado –añadió– son un mercado muy grande”.

Para comprender cómo responden las empresas a la dinámica cambiante y a los riesgos, The New York Times hizo un perfil de tres empresas en tres países que dependen en gran medida de China. Sus experiencias varían, pero todas están tratando de averiguar cuánto se necesita para romper con China, o si pueden permitirse una ruptura.

Mirá también

Rogando volver: barcos de langosta de Australia

Cuando Camarda pescaba langosta frente a la costa occidental de Australia en la década del 90, sus capturas terminaron en platos de diversos países.

Los cangrejos frescos, como se conocen las langostas, fueron a Japón. La carne de langosta enlatada fue a los Estados Unidos. El resto se vendió dentro de Australia o a sus vecinos más cercanos.

Pero a partir del año 2000, China comenzó a pagar más por langostas vivas, y a pedir más. Eso llevó a una dependencia casi total de ese mercado y a una sensación de complacencia: a principios de este año, el 95% de las langostas espinosas de Australia se enviaban a vendedores y restaurantes en China.

Tres generaciones de pescadores de langosta arriba de un barco en Australia (David Dare Parker/The New York Times).

“Todos hablamos de diferentes estrategias para superar el problema, para no depender tanto de China”, dijo Camarda. “Simplemente no llegamos a hacerlo”.

Y todavía no lo han hecho, incluso después de que la necesidad de diversificación golpeara como un martillo el 25 de enero.

Fue entonces cuando China, en medio de su brote, dejó de comprar. Las autoridades cerraron los mercados que venden carne fresca, vegetales y mariscos, obligando a toda la flota de barcos langosteros de la costa oeste de Australia –los 234– a dejar de pescar. Más de 2.000 personas se encontraron sin trabajo.

Camarda volvió al agua hace sólo un mes. Los pedidos a su compañía, Neptuno 3, están empezando a llegar de nuevo desde China, a precios que son aproximadamente la mitad de lo que eran en enero. Los pedidos tampoco son tan grandes, pero la industria se ha unido para tratar de reconstruir sus lazos con China, en lugar de buscar en otra parte.

“Incluso si los precios son bajos y la cantidad de producto ha disminuido, tenemos que encontrar la forma de atender a ese mercado, porque proporcionar ese mercado es lo que nos funciona”, dijo Matt Taylor, el director ejecutivo de Western Rock Lobster, la asociación profesional de la industria.

Mirá también

Hace aproximadamente un mes, todavía había un gran desafío: el transporte marítimo. Las cadenas de suministro se habían revuelto, ya que los aviones de pasajeros que transportan gran parte de la carga del mundo han estado inactivos y el transporte marítimo ha disminuido. Así que una vez más el gobierno australiano intervino, esta vez con alrededor de 70 millones de dólares para subvencionar los vuelos chárter para las exportaciones de mariscos.

A pesar de los llamamientos en favor de una mayor autosuficiencia, diversificación y soberanía, así como de las medidas adoptadas por China que han perjudicado las exportaciones de cebada y carne de vacuno, Australia no está huyendo del mercado chino. Está subvencionando los esfuerzos por volver a entrar.

No hay salvador: el optimismo sobre China disminuye en Alemania

La última vez que la industria alemana se enfrentó a una grave crisis, el alivio vino de China. El crecimiento explosivo del país y su hambre de tecnología occidental ayudaron a los exportadores alemanes a recuperarse rápidamente de la profunda recesión de hace un decenio.

“En 2008, había dos mercados a los que correr: China y Medio Oriente”, dijo Olaf Berlien, director ejecutivo de Osram, una de las mayores empresas de iluminación del mundo, que tiene su sede en Munich.

Mirá también

Pero no espera que las ventas chinas vuelvan a salvar la industria alemana.

“China sigue siendo un mercado”, dijo Berlien, “pero no es un mercado en crecimiento”.

Osram se había vuelto pesimista con China incluso antes de que el coronavirus forzara al país a entrar en cuarentena. Las ventas de autos bajaron en 2019 después de años de crecimiento de dos dígitos, en gran parte debido a la guerra comercial con los EE.UU..

El problema es que no hay otro mercado que ocupe el lugar de China como motor del crecimiento mundial. La India tiene potencial, pero es demasiado desorganizada, dijo Berlien. Los países de Medio Oriente, como Arabia Saudita y Qatar, ya no son tan ricos ahora que los precios del petróleo se han desplomado.

La disminución de las expectativas de Osram para China refleja un escepticismo cada vez más profundo en toda Europa sobre los beneficios de recurrir a la superpotencia asiática en tiempos de necesidad. Phil Hogan, el comisario de comercio de la Unión Europea, se hizo eco de las preocupaciones de los funcionarios de Alemania y Francia cuando en abril pidió que se celebrara un debate “sobre lo que significa ser estratégicamente autónomo”.

Mirá también

Osram, que proporciona luces para autos y otros usos, no necesitaba el aliento. Tiene cuatro fábricas en China, dijo Berlien, pero la empresa fabrica sus productos más sofisticados en Malasia, Alemania y los EE.UU. debido a la falta de protección de la propiedad intelectual en China.

“China ya no es el banco de trabajo del mundo”, dijo. 

Manteniendo el rumbo: los baños de lujo de Japón

Toto hace lo que los nuevos ricos de China realmente quieren: inodoros bidet electrónicos con asientos calefaccionados, chorros de agua caliente, tazones de cerámica de forma agradable y tapas automatizadas.

La compañía, el mayor fabricante de inodoros de Japón, abrió su oficina en Beijing en 1985, y su dependencia de China ha crecido a la par que el crecimiento del país. China representó la mitad de las ventas de Toto en el extranjero el año pasado, y tiene siete fábricas en el país.

Pero incluso después de que el bloqueo de China cerrara las líneas de montaje de Toto en enero y febrero, la compañía nunca consideró irse.

Mirá también

Por un lado, es un mercado enorme con un alto índice de propiedad de viviendas y un aumento de los ingresos disponibles. Por otro lado, muchos de sus trabajadores tienen el tipo de habilidades técnicas que Toto necesita.

“China está cerca de Japón, y tiene el poder de mucha gente”, dijo Sonoko Abe, una portavoz de Toto.

En las reuniones diarias, los ejecutivos discutieron “cómo podemos ajustarnos a la situación”, dijo Abe. Aunque la empresa tiene plantas en Tailandia y Vietnam, no trató de cambiar la producción, sino que se basó en una tubería de inventario almacenado.

Muchas otras empresas japonesas, incluso cuando hay incentivos para buscar en otros lugares, se alejan de China sólo lentamente, si es que lo hacen.

© 2020 The New York Times

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CLip art of Flip Day 2 CLip art of Flip Day 1 CLip art of Flip Day 1