Alberto Fernández y Martín Guzmán, del karma de la deuda a la “economía real”



Martín Guzmán tuvo, a 170 días de jurar como ministro, su primer raid político. Lo compartió con Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete, que en un hueco de una charla que tuvieron el miércoles con el gobernador Juan Manzur, lo invitó a la recorrida.

Cafiero facilitó, inducido por Alberto Fernández, un movimiento que Guzmán prepara hace tiempo: salir a la calle, mostrar un perfil más llano, menos técnico, “dejar de ser el ministro de la deuda”.

Encaja con un dinámica que el presidente intenta imponerle a su gobierno: volver a instalar la cuestión económica y productiva en paralelo a la agenda urgente del COVID-19, con sus picos y la amenaza de un brote crítico.

Mirá también

En Olivos parten de un diagnóstico: lo peor de la crisis económica, el impacto más duro de la pandemia y la cuarentena, se produjo en los 40 días que van del 20 de marzo al 30 de abril.

Suponen, con más deseos que datos, que la parálisis de ese período de derrumbe generalizado empezó a despabilarse en mayo. Fernández lee algunos indicios: 2 de cada 3 trabajadores privados volvieron a la actividad tras las últimas flexibilizaciones y algunos indicadores, como el consumo energético industrial, empezaron a moverse.

La inyección monumental de fondos oficiales en la economía alcanzó su punto máximo: más de 7 millones cobraron el IFE, unos 2.4 millones de trabajadores tuvieron sueldo complementario y 316 mil monotributistas tomaron créditos a tasa 0.

Si se suma los 5,7 millones de jubilados y pensionados, más los 3,8 millones de empleados públicos de todos los niveles y los 2,4 millones de beneficiarios de AUH, casi 9 de 10 hogares argentinos reciben aportes oficiales, según un informe del Ministerio de Desarrollo Productivo que conduce Matías Kulfas.

Ese dato, de una dimensión inédita, el gobierno lo destaca como inyección de fondos para tratar de mover una economía que tuvo una caída vertical y que, se ilusionan, en mayo empezaría a aplanarse.

Lo contrario a lo que ocurre con la curva de contagios que ingresó en el temido pico sin que se pueda aventurar, todavía, cuál es el techo.

Mirá también

En las últimas dos semanas, Fernández puso en su agenda temas económicos como no lo había hecho desde que entró en modo pandemia el 10 de marzo tras un contacto con Giuseppe Conte, el premier italiano, durante la explosión en ese país.

Fue a Tucumán y Santiago del Estero, donde recorrió empresas y participó del reinició de obras públicas, y estuvo en La Plata con intendentes oficialistas y opositores para anunciar un plan de infraestructura para la provincia. Se movió, en estas rondas, con Gabriel Katopodis, un sensor propio de Fernández en el peronismo y sobre todo, en las profundidades del conurbano.

La construcción venía en picada desde antes del COVID-19 y el aporte del sector público es, todavía, simbólico. Pero Fernández lo invoca como el motor de la reactivación: “Esperen, la construcción va a ser la clave para volver a crecer”, les dijo a empresarios y gremialistas del sector que lo fueron a ver a Olivos para pedirle que autorice la construcción privada.

Forma parte, todavía, de las promesas: el anuncio de un plan de viviendas. Hace una semana, Fernández recibió a María Eugenia Bielsa en Olivos para pedir un detalle del avance del programa, un expediente que estaba listo en febrero pero que, como otros tantos, quedó paralizado por el coronavirus.

“Volver a la agenda pre pandemia”; dicen en Gobierno.

En ese regreso a una normalidad que ya no existe, Guzmán pretende empezar a jugar en otras mesas: va casi todos los fines de semana a Olivos a verse, a solas, con Fernández aunque a veces se suma Gustavo Beliz.

Tiene diálogo con Cristina Kirchner, a quien ha visitado en su departamento de Recoleta o, en alguna ocasión, en la casa de Florencia Kirchner en Constitución. 

Los Fernández, por separado, elogian a Guzmán porque dicen que resistió, aunque aun con resultados inciertos, las presiones en los tironeos del canje.

Se lee, desde la política, como un mensaje de que Guzmán no solo apostó y desplegó un operativo sigiloso para ser ministro sino que, ahora, parece tener un plan mayor que consiste en dejar de ser el experto en canje y entrar en otras conversaciones.

La visita a la planta de Viamo en Villa Lugano -los dueños se contactaron via Linkedin con Cafiero, según se escuchó en Casa Rosada- opera en esa lógica: Guzmán quiere aparecer en la foto del ATP. el plan de asistencia a empresas para el pago de salarios.

Así como el ministro de Economía puso un corset en torno a la deuda, tema en el que casi no intervienen otros funcionarios, ahora empatiza con Cafiero y Cecilia Todesca Bocco, la vicejefa de Gabinete, que intervino en el diseño del IFE.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CLip art of Flip Day 2 CLip art of Flip Day 1 CLip art of Flip Day 1